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“Anqas”: Enumerar la ausencia | Valpovisual
Jueves, Septiembre 1, 2016
“Anqas”: Enumerar la ausencia

Por Pablo Molina Guerrero.

“Dirijo sin cesar al ausente el discurso de su ausencia; situación en suma inaudita; el otro está ausente como referente, presente como alocutor. De esta distorsión singular, nace una suerte de presente insostenible; estoy atrapado entre dos tiempos, el tiempo de la referencia y el tiempo de la alocución: has partido (de ello me quejo), estás ahí (puesto que me dirijo a ti). Sé entonces lo que es el presente, ese tiempo difícil: un mero fragmento de angustia.”

Roland Barthes

El desierto es siempre inhóspito como espacio. Si a eso le sumamos el hecho de que la localización geográfica es en el norte de Chile, el territorio se nos hace aún más árido, destruyendo las posibilidades de sobrevivencia. El cortometraje “Anqas”, estrenado el 2012 y dirigido por el joven actor Sebastián Ayala plantea su narración desde esta zona, allí donde vivir es una proeza.

La narración es sencilla, una mujer colla narra en su lengua su tiempo de espera extrañado a su pareja –mediante la lectura de una bitácora-, la ausencia se encuentra en dos niveles, su texto y la imagen solitaria de ella caminando por lugares en ruina, en el desierto la ruina es el todo y su capacidad de conservación-momificación-deterioro devora al paisaje. Intercalados durante el metraje, observamos escenas de animación que se apropian de los tejidos que realiza creando un espacio-tiempo de fantasía, un pasado multicolor, allí donde el recuerdo se mezcla con la idealización. Escapar al presente.

La mujer al principio del metraje recibe una encomienda y a medida que avanza el tiempo descubrimos que se tratan de las pertenencias de su pareja fallecida, quien también llevaba una bitácora -a modo de diario- describiendo la ausencia del otro, la nostalgia provocada por la distancia y el avance de la enfermedad.

anqas

Como en todo metraje sobre pueblos indígenas, existe un importante nivel de lectura político-económico que omitiremos en este texto. Me gustaría recalcar la utilización de la bitácora-diario. Históricamente, los diarios han sido realizados por escritores y mujeres, y es aquí donde podría incluso estar en contra de la forma que se decide abordar en “Anqas”, ya que un diario es un objeto personal que –generalmente- su lectura está creada para quien escribe, para afirmar la huella de la vivencia dejada, en cambio la intención de los fragmentos leídos va dirigido a un interlocutor. La forma de trasladar el diario al audiovisual es extraña, ya que se mezcla con la idea que se tiene de carta, pero este es un problema en general que se produce en el audiovisual al sostener la narración en la voz en off como reemplazo de la palabra escrita.

“Cada diario inscribe siempre un yo que anota, observa, reflexiona o inquiere. Ese yo no es, sin embargo, el mismo yo que habla diariamente: es un yo que escribe, un sujeto literario, como el narrador novelesco, el relator memorioso, el Ego ensayístico. Es un sujeto, en suma, que escoge, tacha, desatiende, se autocensura y avanza mediante un movimiento único, estratégico de escritura que Roland Barthes propuso entender como un “juego personal” del yo consigo mismo”, escribe el ensayista Martín Cerda, a quien cité en unos apuntes anteriores sobre el yo en el cine.

El otro punto que me gustaría tocar, es el de la sensibilidad nostálgica. Hace ya bastante tiempo que vengo dándole vueltas a la idea de que la nostalgia chilena es peculiar. En cierta forma –según yo- es similar a la saudade portuguesa o a la sensibilidad japonesa u oriental, sobre todo a esta última. Incluso si se me permitiese creer en la teoría del Estrecho de Bering y el poblamiento de América desde Asia, explicaría el hecho incluso genético que se puede observar en los pueblos indígenas (los ojos) y cierta resignación ante los sucesos que acontecen en la vida.

Para mí, son esenciales los textos que son recitados por la mujer colla, como: “Día 786: Buscando ese tren que me llevará a ningún lugar. Buscando en mi mente ese lugar donde te fuiste. Ningún lugar, ninguna parte”. Su tono de voz me recuerda inevitablemente a alguna película –que olvido- narrada por la japonesa Naomi Kawase o por estas líneas de Sei Shōnagon: “Esa montaña en nuestro jardín, que creímos tan especial… En todas partes hay semejantes de nieve y no podemos vanagloriarnos de nada nuevo.”

Morir de amor es uno de los grandes tópicos de toda historia ficcional y “Anqas” se lo apropia para un contexto que no he visto muchas veces retratado en cine. Esperamos que Ayala continúe su exploración audiovisual no sólo frente a la cámara, sino que también desde el puesto de director. Terminamos recordando una encuesta del primer número de La Révolution Surréaliste, que decía así: “Se vive, se muere. ¿Cuál es la parte de la voluntad en todo esto? Pareciera que la gente se mata así como sueña. No es una cuestión moral la que planteamos: ¿El suicidio es una solución?”.

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