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Colectivo Miope, Editor de RAM, Revista Archivo Manoseado: “Todo lo que existe es una cadena de apropiaciones y transformaciones” | Valpovisual
Lunes, Noviembre 14, 2016
Colectivo Miope, Editor de RAM, Revista Archivo Manoseado: “Todo lo que existe es una cadena de apropiaciones y transformaciones”

Conversamos con el gestor de esta nueva revista, que busca estimular el estudio, la reflexión, la creación y la divulgación de obras hechas a partir de material de archivo propio o ajeno.

Pablo Molina Guerrero: Colectivo Miope, desde hace varios años que has estado trabajando en la realización audiovisual y también en la crítica de cine en diferentes revistas-web…

Colectivo Miope: Cierto lo primero, lo otro lo complementaría. Diría que es un ejercicio estimulante abordar el oficio no solo desde la realización sino también desde el pensamiento crítico en su más amplio sentido. Lo he procurado aplicar a través de artículos de investigación o divulgación, entrevistas, algo de crítica, diseño e incluso la gestión (estimulando o divulgando con mayor o menor periodicidad o éxito la existencia de ciclos, cine clubes, archivos, etc). Esto tiene que ver con un ansia por aprender de otras personas –principiantes o experimentadas– y a la vez facilitar el resultado de ese encuentro o indagación a muchos otros. En definitiva, para desentrañar tanto las técnicas expresivo-productivas como la historia local y los procesos humanos asociados. Todo está conectado. Realizar está bien, pero también me resulta útil entender los distintos mecanismos que hay detrás y las influencias que se desglosan o ramifican por los lados, hacia atrás y hacia delante. Y por eso escribir, ayuda a comprender las cosas y organizar las ideas, fijar los asuntos.

PMG: ¿Qué te ha llevado a crear RAM, Revista Archivo Manoseado?

CM: Generar RAM tiene que ver justamente con todo lo anterior, con establecer lazos y reunir reflexiones, teorizaciones, experiencias, ensayos y procesos respecto una estrategia en particular –el uso del material de archivo– que adquiere mucho más sentido hoy gracias a la conciencia efectiva y creciente de la conservación patrimonial, la restauración, la digitalización, el acceso y uso de ese material. Estos elementos unidos y encadenados completan el circuito que antes era solo lineal: un espectador pasivo que consumía, pero que no podía tocar ni menos intervenir. Usar materiales de este tipo además le otorga una nueva vida a piezas a veces menospreciadas u olvidadas, sacralizadas o malditas. Genera interés por conocer el pasado, comprenderlo, releerlo. Es viajar en el tiempo. Además pone en tensión la cacareada teoría del autor. Ok, alguien hace algo, pero su creación existe gracias a una cadena de ejecuciones y voluntades. No existe la originalidad pura, todo es transformación.

PMG: Existe una difuminación de los límites entre el consumidor y el productor…

CM: Claro, el espectador puede ser a la vez un productor de contenidos. Así la necesidad expresiva que todo humano porta se potencia gracias a la disposición tecnológica y el acceso. Por lo tanto aquel sujeto se da cuenta que puede o debe ir más allá y ser, además de espectador: un ente crítico, un analista, un investigador, un coleccionista, un técnico hábil, un gestor, un productor y, de vuelta, espectador; un ciudadano pleno. Si pensamos en los primeros cineastas, muchos fueron una mezcla de fotógrafos, empresarios, publicistas y narradores. Es otro tipo de ente cultural, que no es que las haga o se las sepa todas, sino que está conectado emocional, técnica y discursivamente con todo el proceso; tiene una visión panorámica compleja y sabrosamente enriquecida que le ayuda desenvolverse de forma más plena y atenta, y sin por ello despreciar la especialización.

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PMG: ¿Por qué una revista y no una web?

CM: Tiene que ver con abaratar costos (este es un proyecto totalmente autogestionado). Y surge ante todo como resultado de un aprecio personal por el concepto “revista”, es decir, con esa publicación de lógica autoconclusiva y unitaria que integra de una sola vez una serie de contenidos que se pueden ir ampliando mediante entregas. Un sitio, además de acarrear innumerables gastos y etapas desgastantes solo para ponerlo en pie, tiende a quebrar la barrera temporal-material y convierte los contenidos en un continuo que puede volverse algo agobiante. Siento que esa dinámica esclaviza un poco al que esté a cargo. La publicación numerada, autoconclusiva o unitaria, permite generar determinados contenidos, desarrollarlos, convocarlos, organizarlos y presentarlos de una sola vez de forma más compacta. Además es imprimible y coleccionable.

PMG: ¿La idea es proseguir con la revista? ¿Existen planes de mantener cierta periodicidad a pesar de ser una revista autogestionada?

CM: Sí. El plan es sacar un número cada 4 meses. En menos tiempo lo veo complejo. Porque solo gestionar los artículos (entre 7 y 10), invitando colaboradores, hacerle el seguimiento al material y luego recepcionarlo, para muy probablemente tener que pedir más desarrollo o correcciones, puede extenderse fácilmente durante 1 mes (todo esto una persona, dedicándose un par de horas cada día para enviar correos o chatear). Y luego organizar el material, diagramarlo, buscar imágenes adicionales y postproducirlas (la misma persona) puede tomar otro mes con la misma dedicación antes mencionada. Y todo lo anterior sin contar con los contenidos que uno igual quiere desarrollar, y para eso hay que visionar, investigar, leer, volver a leer, escribir, editar, etc. Ya todo eso en total puede tomar 3 meses y medio. Si le diera dedicación exclusiva –cosa imposible sin financiamiento– posiblemente tomaría poco más de un mes todo el proceso de generar un número.

PMG: ¿Cuáles son las intenciones al crear RAM?

CM: Estimular la reflexión, el análisis, el cuestionamiento, y la valoración y la creación tanto de los archivos como de las obras que usen material de archivo; que lo re-signifiquen, que lo mezclen, que lo tergiversen, que se desarrollen nuevas lecturas sobre algo que en apariencia puede ser banal o mal registrado y que por el contrario se vuelva evidente que pueden surgir inquietantes maneras de revisitar y narrar la historia (o las historias) ya consolidada(s) ¿No sería glorioso re-editar El Chacal de Nahueltoro o La Batalla de Chile y crear algo totalmente distinto? Usar material de archivo se liga a una cierta moral ecológica, escrutadora, revisionista, patrimonial, experimental y sobre todo potencialmente muy creativa por el grado de observación y rigor que involucra.

PMG: Lo cual nos genera algunas preguntas inmediatas al trabajar con archivos…

CM: Claro, ¿necesitamos acaso cámaras para hacer cine? ¿Qué pasa con todo lo que estamos grabando-acumulando compulsivamente desde hace décadas? ¿Qué pasa con los soportes que van quedando obsoletos? ¿se perderán? ¿perderemos -de nuevo- nuestra imagen, nuestros vestigios? ¿Por qué no hay cinetecas en regiones que nutran de archivos su propia comunidad?

Otra intención tiene que ver con algo que mencioné antes: con mi idolatría fetichista por el concepto revista y todo el diseño asociado. De ahí que RAM no sea un acopio de textos-ladrillos, sino que sea más bien una articulación que puede ser reflexiva y divulgativa y a la vez pueda dialogar con una visualidad atractiva, contingente, coloquial y ojalá atrevida. Es el gusto por el cine, el diseño y la organización de los elementos. Y es que editar, evocar, remezclar, ya sea sonidos, videos, palabras, papeles u otros materiales, acaba siendo la misma inquietud creativa, expresiva y vital aunque cambie el dispositivo o el soporte. Creo que solo alguien que pierde progresivamente la vista –un miope– se puede apegar tanto a estas imágenes etéreas que se vaporizan con cada minuto que transcurre.

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PMG: Hay algo respecto a los contenidos de esta primera edición me llama mucho la atención, los discursos generalmente parten desde lo mismo, cierta postura contra el archivo resguardado bajo siete llaves, cierta política de ecología de imágenes, y una “izquierdización” de la propiedad (“La propiedad es robo”, Proudhon), y que a pesar de lo que dice la editorial de que puedan ser contradictorias o visiones encontradas, generalmente encontramos textos que se asemejan bastante, ¿crees que es así?

CM: Es posible que se haya consumado una cierta uniformidad de voces respecto a la importancia del acceso y el uso libre de los archivos, pero fue más bien una consecuencia espontánea que una búsqueda forzada. Tal vez es un síntoma generacional. Alguien podría analizarlo. En todo caso, cuando se fue convocando a personas vinculadas a este tema jamás fue condición excluyente o requisito tajante que debían escribir a favor o en contra, sino que el planteamiento fue siempre abierto: reflexionar sobre el uso de los archivos desde sus propias experiencias y consideraciones. Sin duda que RAM tensiona y provoca pero el que escribe es libre de desarrollar sus propios énfasis. En ese sentido, sería genial recibir algún texto que esboce una postura privatizadora o contraria al libre acceso de los archivos o que proponga una defensa a ultranza de los derechos de autor, como en gran medida lo hace Patricio Guzmán; y de hecho su texto es estimulante por eso y de ahí que haya surgido esa refutación. Y de cierta forma, sin programarlo, en el Festival de Cine Recobrado de Valparaíso una situación me dio pie para generar un contenido en esta línea. Conocí fugazmente al cineasta uruguayo Mario Handler, un acérrimo opositor a las obras derivadas, y lo invité a escribir algo para RAM desde su punto de vista. Si bien luego por e-mail me respondió rápido, su tono tanto por correo como en vivo sonaba igual de ofuscado con la pura idea de que alguien “insistiera” o instalara la legitimidad de crear obras derivadas con material de archivo ajeno. Le parecía una aberración, un “ataque” casi personal, y sin duda un “robo”. Ojalá pueda enviarnos algo, sería significativo rescatar su visión y experiencia sobre este asunto. Igual si no envía nada, veré la forma de crear un texto contestatario desmantelando con gozo sus argumentos –si es que los tiene– a través de algún otro texto o exposición donde se haya plasmado su opinión sobre estos menesteres.

PMG: ¿Cuál es la política de la revista?, ¿la idea es lograr generar un debate entre puntos encontrados por ejemplo, un diálogo entre, digamos, un realizador-crítico pro-propiedad y un anti-propiedad?

CM: La “política” de la revista es de apertura; abierta a recibir ese tipo de materiales y enriquecer la discusión. Jamás ha sido el deseo pretender la unanimidad o dar con certezas inapelables. En todo caso, el debate en torno a los archivos va más allá de la propiedad, tiene más aristas: dónde conseguir materiales inéditos o raros, cómo lidiar con los archivos disponibles, hasta dónde torcer el material, qué herramientas tecnológicas están surgiendo que ayuden a organizar y abordar estos insumos, cómo hacer circular este tipo de obras y hasta rentabilizar el resultado, cómo sacarle mayor provecho a las excepciones al derecho de autor y cómo equilibrar usos justos con esos derechos que a la vez el re-creador querrá hacer valer, etc.

Algunos pretenden sacralizar al autor como si fuese un demiurgo, un iluminado. El objetivo de RAM es poner en tensión esto, recordarle al “autor” cual es su lugar, bajarlo del olimpo, devolverlo al barro. Criogenizar una obra, mantenerla intocable, no es respetarla, es destruirla. Porque la obra solo adquiere sentido cuando se funde con su contexto, cuando dialoga, muta, cambia. ¿Por qué no puedo citar una obra audiovisual –usando un fragmento– cuando sí puedo citar una obra filosófica o poética? ¿Porque la obra audiovisual requirió más trabajo, porque la realidad laboral del realizador es más precaria? Patrañas. Un filósofo se puede demorar años en desarrollar una teoría, y un poeta es generalmente mucho más pobre que un cineasta. Si usáramos esa lógica tan endeble no podríamos citar ninguna obra en lo absoluto porque todo trabajo lleva consigo un esfuerzo y una dedicación relativa. Es obvio. Establecer categorías de ese tipo acaba siendo un privilegio tendencioso, arbitrario y abusivo.

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PMG: En cierta forma, varios de los que escriben son realizadores o han realizado obras de apropiación, incluyéndonos a nosotros, ¿crees esto afecta la apreciación de las obras (a modo de autojustificación o manifiesto)?

CM: Hay también personas más vinculadas a la teoría (la transcripción de Alan Pauls, y los ensayos de Luis Horta y Andrés Zúñiga), pero ciertamente ninguno está ajeno a la práctica, la realización y la gestión. Es lo que decía antes, la separación entre realizador, teórico y espectador puro es difusa. En cierto momento se funden. Igualmente esperemos ampliar la gama de miradas tal vez con historiadores, psiquiatras, abogados o, en verdad, cualquiera que se sienta motivado y quiera explorar alguna deriva no del todo considerada aún sobre este tema. Pero no es necesario que sea un “experto” o un académico, lo importante es que pueda agarrarse de un asunto y desarrollarlo ojalá a concho. Y volviendo, sin duda que ésto “afecta” la apreciación de las obras, pues cuando uno reflexiona sobre algo que tiene una veta práctica siempre está orientando –quiéralo o no– la mirada, instalando una cierta manera de leer y hacer. No es esto un ejercicio meramente especulativo. Todo ejercicio crítico es moral y político a la vez, es decir, propone una ruta, un hacer, conductas y maneras ejecutables y a la vez abiertas a escrutinio y refutación…

Pero en definitiva no fue pensado concientemente como autojustificación ni menos como manifiesto, porque los que aquí teorizan igual creo que abordan el asunto de manera heterogénea. De hecho ninguno fue llamado a “alinearse” con alguna doctrina. Creo que un manifiesto tradicional tiende a ser más homogéneo, más explícito, más vociferante y también más pedante y concluyente. La voluntad germinal fue exponer posibilidades narrativas, estéticas, económicas y políticas en torno a los archivos. Si esto parece, se lee, o se consolida como una especie de manifiesto seguro surgirá de la lectura analítica de alguien externo.

PMG: ¿Crees que existen desde el campo de la realización de obras de apropiación en Chile, algunas que sean memorables?

CM: Sin duda, Muchas. Pero daré ejemplos pioneros:
Recordando (1961), de Edmundo Urrutia, es memorable aunque actualmente no la haya visto casi nadie de la manera como fue concebida. Pues como lo desarrolla Luis Horta en su texto en RAM Nº1, la Cineteca Nacional tiene una copia del material en celuloide pero, años atrás mutiló este documental presentando los fragmentos de forma individual en un DVD, sin explicitar con la suficiente intensidad el origen de cada fragmento, que era Recordando. Es hasta donde he investigado la primera película tipo found footage en Chile. Así que es memorable por esta doble condición: como hito fundacional y a la vez como primer mártir del found footage chileno. Si bien es glorioso el ejercicio de apropiación para crear, me parece que la honestidad y la decencia deben primar, es decir, siempre hay que procurar reconocer el antecedente, el autor. Pues no nacemos de la nada, todos somos herederos de algo, venimos de algún sitio, somos el resultado de una larga cadena de apropiaciones…

PMG: Desde nuestros genes a la cultura…

CM: Sí, y en ese sentido el eje ético básico de esta práctica radica en el reconocimiento preciso del otro, de su existencia y aporte, más allá de lo que se haga con ese insumo. Me parece vital reconocer esa línea de sucesión larguísima porque a uno también lo pone donde corresponde: como un eslabón de una larga cadena que seguirá forjándose con otros eslabones. Estamos de paso, no somos únicos ni originales. Nunca debemos olvidarlo.

Bueno, volviendo a las películas memorables de apropiación, también está Las banderas del Pueblo (1964) de Sergio Bravo, cinta también pionera por usar esta técnica y también por su tono; por cómo transmite su mensaje, abiertamente político, hecho para apoyar explícitamente el tercer intento presidencial de Allende.

Y Chile… y su verdad (1977) es otra realización memorable –y hasta digna de más estudio– de una manera que a muchos les puede parecer incómoda, porque construye un discurso que va contracorriente a la tendencia dominante actual sobre lo acontecido respecto las causas y circunstancias que llevaron al golpe. Es un documental oveja negra, un lobo solitario, una especie de película maldita. Y más allá de que uno esté o no de acuerdo con la propuesta a nivel político, en el fondo igual logra construir un relato redondo a partir de la apropiación múltiple y la organización de diversas fuentes para probar su tesis. Además que representa un determinado sentir querámoslo o no. Que tenga o no razón es menos interesante que el ejercicio mismo de apropiación y construcción de ese sentir.

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PMG: Desde fines de los 80′ que la apropiación ha logrado surgir como una forma válida y aceptada por la crítica y generalmente por las instituciones que financian obras audiovisuales, ¿cómo ves el panorama global de la apropiación en el cine-video, sea en términos de revistas, publicaciones y obras en nuestro tiempo?

CM: Está expandiéndose. Y todas esas fases están interconectadas. Creación, pensamiento crítico, archivo, acceso, reutilización, etc., son partes de un mismo organismo. Para que existan archivos debe existir una añoranza y una valoración por la experiencia propia o ajena, lo que lleva a organizar la creación que sintetiza esa experiencia y, en el mejor de los casos, desplegarla para que llegue a la mayor cantidad de individuos posibles y toda esa creación pueda ser releída, reutilizada, nutrir el imaginario. Ahí se consolida un circuito vigoroso.  Todo parte de la valoración y la estimulación. De situar la apropiación creativa como algo natural y necesario, no como un delito a la propiedad. A partir de eso surge RAM, que en gran medida celebra, coge y acoge esta técnica que parece muy específica pero que en definitiva es la esencia de la existencia de toda la creación, ya no solo cinematográfica. El sujeto no solo es hijo de sus padres, es la reunión de millones de experiencias vitales y misteriosas que se esfuman en el origen del cosmos. Un hijo no debe respetar más a un padre que a una mosca o un perro, pues en cada uno está contenida una totalidad abrumadora y diversa.

PMG: A pesar de esta popularización de la apropiación, ¿crees existen temas pendientes todavía?

CM: El uso del material de archivo y la apropiación creativa tienen un gran trasfondo: el origen y ubicación del insumo, de ese material. Y en ese sentido, el gran tema pendiente es que cada región debiera generar su propio archivo o cineteca local donde se conserve, estudie, divulgue y facilite material propio de la región. Todo ese acervo generará una retroalimentación gloriosa. La gente (estudiantes, artistas, docentes, curiosos) accederá a ese contenido; algunos se interesarán por solo mirar, otros por cuestionar, otros por usar, y así se estimulará por un lado la consciencia por el cuidado y la conservación y por otro el deseo de crear, de re-usar, la producción. Es un círculo virtuoso. Y es que siempre estamos haciendo gárgaras con la cultura y al patrimonio, pero en concreto si en cada región no hay material disponible para acercarse de manera directa e inmediata –sin trabas– a la historia o la cultura local a partir de las mismas imágenes en movimiento, entonces el discurso queda en nada, en buenas intenciones, en sloganes políticamente correctos o de campaña. Por ejemplo, he propuesto la creación de centros de documentación, tipo pre-archivo o pre-cineteca, en varias regiones de Chile y la respuesta ha sido entusiasta en un comienzo pero esquiva a la hora de concretar y designar financiamiento; a pesar de que yo les evidencio mediante un detallado desglose la cantidad de material que esa región ha hecho desde hace décadas y que ellos –personas vinculadas a la cultura o las artes– no tenían idea que existía en esa magnitud. Y bueno, todo ese material existe, es de una riqueza cultural e identitaria tremenda pero está desperdigado, en cajones, en los computadores o discos duros de cada realizador si es que no en vías de desaparición. Y las autoridades que podrían dar el gran paso y dejarme hacer el trabajo de buscar, investigar, organizar y generar todo ese contenido y cuyo beneficiado será la comunidad, queda finalmente en nada, aún están “viéndolo”, dilatando el asunto. Y luego nos quejamos que “la gente” no valora su patrimonio, que prefiere los malls. ¡Pero si no le estamos devolviendo todo eso que sabemos existe!

El otro gran tema, que siempre retorna, es que hay que superar la tranca inicial de que quien ocupa parte de algo que tú haces, te está robando. En lugar de perseguirlo o, peor, borrar o censurar su creación, hay que procurar los canales tecnológicos para que el beneficio económico –si es que lo hubo– también llegue a uno, pero no en desmedro de la obra, e independiente de la magnitud de la cita o el contenido ideológico o moral de aquella. Que alguien use parte de tu material debiera ser visto como un honor, y por lo tanto como una oportunidad para reconocer ahí un nuevo lazo en esta larga cadena de imágenes e imaginarios que se vinculan. Los materiales dialogan, las ideas fluyen, se traspasan, suben y bajan, se cruzan y se mezclan, y se vuelven a reinterpretar. La cosa es hacer explícito el reconocimiento del otro y si hay ganancia compartirla.

PMG: ¿Qué formas crees se podrían implementar para mejorar esta problemática y cómo?

CM: La clave está como siempre en la tecnología. Ésta nos permite registrar y organizar momentos para expresar algo, pero a su vez hay que pensar bien en cómo conservar lo hecho para que otros a futuro puedan conocerlo o usarlo. De ahí, por acumulación, surge el archivo y la política del acceso; y de ahí luego el visionado, el estudio, la investigación y el deseo por crear, reutilizar. Esto es como la donación de órganos o el reciclaje. La conciencia sobre todo el proceso debe estar antes de pretender desarrollar una obra. Ésto para que nada se pierda, todo se aproveche. Tener una mirada a largo plazo. Por ejemplo, una posibilidad real es que si se conservan bien los materiales existan en un futuro no tan lejano archivos 100% abiertos para todos los usos, en excelente calidad, poco peso, descargables, y que éstos incluyan un código, una especie de GPS, metadata o adn-digital vinculante. Así cuando alguien use un fragmento de un determinado video, que a su vez forma parte de un domicilio archivístico, y logre un negocio, un porcentaje de esa venta automáticamente se remita a la cuenta del archivo o titular del cual provino el fragmento de esa obra. Se crearía una tráfico fluido donde todos ganarían. No se necesitaría vigilar, monitorear, perseguir, ni judicializar nada. El que use un material y cree un obra con fines no comerciales, no solo podría experimentar, crear y expresarse sino que difundiría la obra y al autor mediante la cita precisa, también automatizada, inserta en esta metadata mencionado. Y el que logre comercializar una obra que use un fragmento haría que el titular gane. Solo falta crear ese software que interconecte a los incumbentes. En lograr el equilibrio ente ambos derechos está el desafío. Pues si por un lado nos quejamos que el chileno no conoce su cine, o no tiene respeto o aprecio por su cultural visual, es porque igual se le ha negado acercarse de verdad a todo ese material, a tocarlo, a explorarlo, a conocerlo íntimamente.

PMG: ¿Qué papel ha jugado, en el caso chileno, el Archivo Patrimonial Usach, el cual es uno de los casos que se desarrollan en RAM Nº1?

CM: Me sorprendió gratamente lo que pasó con el Archivo Patrimonial Usach, que ha ido subiendo –desde 2013– su acervo sin ningún tipo de limitación, en buena calidad y sin sello de agua. RAM surge en gran medida a partir de este gesto, para celebrarlo y para amplificarlo. Pues es un hito. Que yo recuerde, nunca un archivo audiovisual nacional, público o privado, había emprendido algo de esta envergadura en esos términos tan valientes, tan abiertos. La lógica había sido más bien temerosa que alguien “usara” el material. La consecuencia: como en otros casos el acceso es engorroso o deficiente, solo presencial (para un país fragmentado y largo como Chile esta política es delirante), o derechamente no hay acceso, ese contenido no existe y nadie puede apreciar lo que no existe, aquello con lo que no hay vínculos. Luego nos quejamos que la gente no valora su pasado, no conoce ni aprecia su herencia audiovisual, y que es mucha. ¡Pero si hay mil y un barreras para acceder! Me acuerdo cuando se inauguró la Sala Sazié, con la exhibición de Die Kolonie, un espectador le preguntó al director dónde se podía obtener la película. Lübbert –titubeando- respondió que “la próxima semana se exhibirá en X lugar”. Pero eso no fue lo que preguntó el espectador. Eso demuestra que la gente no solo quiere ver, no solo quiere ser un espectador pasivo, quiere tener, mirar de cerca, poseer, conectarse de manera más directa con los contenidos. El tipo quería un DVD, así de simple, pero no obtuvo respuesta. La gente tiene deseo de conocer, de reencontrarse con su historia, pero a cada momento se lo negamos con evasivas o simplemente no gestionamos los espacios ni los materiales que están ahí, a la mano. Después nos quejamos de la piratería o los conductos irregulares, pero si, obvio, las personas harán lo posible para hallar como sea eso que necesitan porque esas películas fueron hechas para ellos, para personas, para la sociedad ¿para quién si no?

Espero que la educación haga la diferencia y la tecnología ayude unir voluntades e intereses. Claro, hay que enseñar a usar de manera justa, a citar correctamente cuando corresponda y a retribuir de forma proporcional y razonable cuando se obtiene un beneficio económico de un determinado uso.  Todo lo que existe es una cadena de apropiaciones y transformaciones. Pues de la nada, nada surge.