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Peter McPhee, director de “El final del día”: “Si no puedes construir confianza, no puedes ser documentalista” | Valpovisual
Martes, Julio 26, 2016
Peter McPhee, director de “El final del día”: “Si no puedes construir confianza, no puedes ser documentalista”

La película que retrata el abandono de un pueblo y su espera por el fin del mundo, es sólo una parte de la propuesta de McPhee en su obra. Conversamos con él sobre el rodaje y el trabajo en conjunto que realizó con la comunidad de Quillagua.

Por Tania López Gallardo

¿Cómo fue el proceso de rodaje de “El final del día”?

Nos fuimos en diciembre de 2012, sin ni uno y con dos cámaras prestadas. Hicimos el rodaje de manera muy improvisada, incluso sin investigación previa. Como no hubo una planificación, tuvimos que ir trabajando con el material que teníamos, que era muy poco. De la creación espontánea pudimos experimentar mucho con ideas muy buenas que salieron del proceso. Como tuvimos muy poco tiempo, en la realización de la película quisimos involucrar a la comunidad de Quillagua sobre lo que queríamos hacer. Al final, ellos nos entregaban su información y, más importante aún, sus reflexiones. Esta es una película que hicimos con la comunidad, donde nosotros fuimos meros articuladores de las reflexiones de la gente, cazamos pequeños momentos cotidianos y testimonios, y pasamos durante dos años tratando de darle sentido a la esencia que este pueblo tenía.

 

Sabiendo que no hubo investigación previa, ¿por qué deciden rodar en Quillagua?

Cuando llegamos, hablamos con dos personas y nos dimos cuenta que ese era el lugar, donde el componente social era algo muy importante y esta concepción de fin de mundo era real allí. El llegar a Quillagua fue casi un acto de magia, una especie de intuición que tuvimos. A veces digo: “cómo fue posible haber viajado con una idea donde nadie tenía más o menos claro que quería hacer”, pero creo que eso le ayudó a la narrativa de la película. La espontaneidad es una de las cosas que creo que caracteriza al documental, sobre todo por cómo nos ayudó a captar la esencia de buena manera.

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Imagen trailer “El final del día”

¿Cómo se trabajó la confianza entre el equipo realizador y la comunidad?

La gente está acostumbrada a ver cómo llegan cámaras a Quillagua, porque es uno de los puntos más secos del mundo. Para bien y para mal, muchas puertas se nos cerraron por lo mismo, porque la gente nos decía: “aquí vienen, graban y se van”. Esto no es un trabajo donde contratas a alguien, aquí tienen que compenetrarte con la gente y ganarte la confianza de ellos. Ese fue mi principal trabajo. El esfuerzo mío fue hacerles entender la película que yo imaginaba y hacerlos parte de esto. Cuando uno encuentra el punto familiar con alguien, ese es el momento donde uno puede sacar la cámara y grabar. Si no puedes construir confianza, no puedes ser documentalista.

El documental “Las Cruces de Quillagua”, de Jorge Marzuca, fue estrenado hace muy poco y también se rodó en este pueblo en extensión y un tanto desconocido, pero pese a ello el foco es totalmente distinto.

Lo que más pesa en el documental es el punto de vista y ahí nace la diferencia. Tratamos de diferenciarnos en hartas cosas, no con ese documental, sino con el foco que se les da a estos pueblos en extensión. Lo que a mí me interesaba era diferente, donde se pudiera generar una reflexión y metáfora sobre distintos temas. Más que denunciar socialmente, quería que nuestro trabajo emocionara. Yo necesitaba ir un paso más allá de lo que se ha contado de los pueblos en extensión. Nuestro esfuerzo adicional fue diferenciarnos de estas realizaciones que ya hemos visto. Lo bonito del documental, es que realmente es un punto de vista personal, aunque sea de una temática ajena.

Esta metáfora que quisiste plasmar va de la mano con la construcción visual del documental.

Siempre fue una película minimalista, con muchos momentos de contemplación. Era muy importante para mí mostrar esta realidad a partir de lo metafórico, donde el trabajo visual y sonoro debía ser fundamental, donde la naturaleza hablara por sí misma, donde se diera a entender el ritmo del pueblo. En ese sentido, la fotografía va en esa línea, donde se intenta rescatar la atmósfera de Quillagua, que es lo más difícil en la construcción audiovisual. El trabajo de postproducción fue fundamental.

¿Cómo es trabajar la metáfora desde el sonido en el cine documental?

Generar metáforas desde el sonido es una de las cosas más bellas en una película. La imagen es aparente, donde uno puede enjuiciar lo que ve, pero es muy raro que alguien se fije en el sonido, porque uno no pasa por un juicio lógico. La mayor posibilidad de atmósfera está en el sonido. Cuando estábamos realizando esta película, era algo que estaba súper consciente en nosotros.

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Imagen trailer “El final del día”

Si bien no hubo una investigación previa, el estar rodando con la comunidad, finalmente, se tradujo en un trabajo etnográfico, donde hubo mucha interacción con la gente.

Yo trabajé durante mucho tiempo como productor de casting, y uno de mis trabajos fue hacer el casting para una película de Jodorowsky. Creo que ese tipo de experiencias ayudan a conectarte con la gente. Todo mi trabajo ha estado relacionado con la observación y la interacción con personas en distintas áreas. Me aproveché de eso para hacer esta película, porque no tenía nada más que ofrecer. Como era un largometraje con muy pocos recursos, tenía que ganar desde lo humano y lo sensorial. Creo que ahí está la esencia del documental.

¿Cómo elegiste a los personajes que aparecen en el documental? ¿Tenías una idea de quiénes debían ser?

Siempre quisimos buscar personajes icónicos. Llegué con la idea del viejo sabio, de un grupo de niños, el profesor de la escuela y creo que en el transparentar está la clave. Nosotros nos relacionamos con ellos de igual a igual, nunca de documentalista a entrevistado. La exigencia de la gente de Quillagua era que fuéramos justos con el relato y leales a la esencia del pueblo. Ese fue uno de los compromisos que hicimos.

¿Crees que lograron esa lealtad?

Desde la metáfora súper alejada de la cotidianidad, creo que pudimos mostrar el drama de Quillagua de una manera justa con lo importante que es para la gente que vive ahí. La esencia es lo que se trasmite, por eso la gente se vio muy agradecida cuando lo mostramos, porque dijeron que era la verdad. Yo estaba aterrado haciendo esta película pensando que todos iban a creer que era una ficción, porque hay muchos elementos que van en esa línea, cuestión que es parte de la propuesta. Para mi sorpresa, la gente manifestó que esa era su verdad, y eso ha sido el mayor regalo que he recibido con esta película.

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Imagen trailer “El final del día”

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