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Entre ruinas: anotaciones acerca de los desastres planetarios en ciertas películas de Hollywood | Valpovisual
Viernes, Noviembre 20, 2015
Entre ruinas: anotaciones acerca de los desastres planetarios en ciertas películas de Hollywood

Por Pablo Molina Guerrero.

Desde tiempos inmemoriales el ser humano se ha inventado historias. Historias de todos los tipos, pero una de las más recurrentes es la del fin del ser humano, el fin del mundo o por lo menos el fin de la historia. Esta idea de contarse su propio exterminio -y quizás como un factor inconsciente- se debía a lo que el hombre primitivo podía observar y entender respecto a cómo funcionaba el mundo. Esta concepción del mundo, de la naturaleza, dio pie a una teoría cíclica acerca del mismo originada desde lo más básico: observar cómo el sol surgía y se escondía cubriendo todo de tinieblas para que al siguiente día, este suceso se repitiera incontables veces.

Las antiguas mitologías –y por ello las primeras historias- son ricas en sucesos de este tipo: el mundo se rige por reglas de creación y destrucción, y el ser humano no era más que una etapa del mundo, un resultado producto de procesos continuos de ensayo y error. Esto lo podemos ver con diferentes variaciones, en las concepciones mitológicas de la creación del hombre en la cultura maya, en el ragnarok nórdico, en el miedo del Zeus griego de repetir la historia y que él también fuera destronado por un hijo tal como él hizo con su padre, incluso en la tradición judeo-cristiana de Noé como último eslabón de una humanidad que se debe reformar.

El siglo XX no estuvo exento de esta vuelta a pensar e imaginar el fin. Nos basta con detenernos en las ideas de Aldous Huxley y George Orwell, donde ya el sueño de la utopía se convierte en pesadilla. La distopía es después de todo un fin de mundo y en especial estos dos autores deben sus creaciones a una distorsión proyectiva de lo que les tocó vivir: el sueño revolucionario convertido en ruina. Desde entonces –y cada vez más- el ser humano se ha estado contando historias de su fin, o por lo menos del fin de la historia como la conocemos, sobre todo en la mitad de la Guerra Fría con el temor de un cataclismo atómico. La conformación de un sistema planetario donde un suceso en algún lugar lejano nos afecta –sobre todo en términos económico-políticos- acrecienta este sentimiento de crisis constante.

En estas nuevas historias de fin de mundo los dioses ya no existen, ya no son quienes darán un equilibrio o un punto final, sino que todo es producto y resultado del accionar del hombre sobre el planeta. Tenemos que agregar que ahora que ya no existe un enemigo explícito y poderoso para el capitalismo, las ideas de destrucción de la humanidad suelen estar vinculadas a desastres naturales, ya no tan naturales ya que son influenciados por el agotamiento a los recursos planetarios y a la erosión parasitaria que simboliza el hombre moderno.

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Desastres futuros

En palabras de Fredric Jameson podemos decir: “Parece que hoy día nos resulta más fácil imaginar el total deterioro de la tierra y de la naturaleza que el derrumbe del capitalismo; puede que esto se deba a alguna debilidad de nuestra imaginación”. Sin duda, que esto es un hecho efectivamente popular hoy en día, se puede observar en las carteleras de cine durante los últimos diez años: películas de desastres (pensemos en El núcleo, El día después de mañana, 2012, entre otras), donde la población mundial baja a niveles alarmantes producto de la acción de la naturaleza, no necesariamente porque la naturaleza sea algo imprevisible, sino que muchas veces vinculadas al terror que produce pensar un futuro cercano donde nuestro propio accionar sobre el planeta nos devuelve la mano. La idea de karma, de búsqueda de equilibrio es una constante en estas películas, ello y ese fantasma omnipresente que se ha convertido en un mito moderno llamado cambio climático, o en palabras de la filósofa y escritora india, Vandana Shiva, “caos climático”.

Las películas de Hollywood, quiérase o no, marcan una pauta planetaria. Como se ha dicho anteriormente, estas películas de desastres han cobrado gran popularidad en estos últimos años, aunque no es un “sub-género” nuevo, más bien es bastante antiguo, pero el cine hollywoodense suele ser así, en determinados períodos experimentan con temáticas, si no logran crear suficiente taquilla, la temática queda de lado. Todo en beneficio del mercado. Un mercado de imágenes y espejismos. Imágenes de desastres. Hoy en día se ha convertido en un regocijo para el espectador ver imágenes donde la humanidad es azotada por la naturaleza.

Recordemos la Tesis IX del ensayo Tesis sobre la filosofía de la historia de Walter Benjamin, la cual dice así: “Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se muestra a un ángel que parece a punto de alejarse de algo que le tiene paralizado. Sus ojos miran fijamente, tiene la boca abierta y las alas extendidas; así es como uno se imagina al Ángel de la Historia. Su rostro está vuelto hacia el pasado. Donde nosotros percibimos una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única que amontona ruina sobre ruina y la arroja a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el Paraíso sopla un huracán que se enreda en sus alas, y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras los escombros se elevan ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso”. Si ahora modificamos el último texto y añadimos que en verdad las ruinas no sólo forman parte del pasado sino que también del futuro, lograríamos crear un cuadro en que se represente el vacío existencial en que la humanidad se encuentra, en un simple presente continuo, donde pasado y futuro le aterran y/o prefiere ignorar.

Es necesario preguntarnos y analizar qué significan estas películas, qué es lo que hablan y retratan de esta sociedad contemporánea -ya que después de todo, una sociedad se puede analizar por el consumo de sus objetos culturales- y cómo afecta este imaginario al ser humano como ente. Resumamos los argumentos de El núcleo, El día después de mañana y 2012:

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En la película El núcleo (The Core, 2003, Jon Amiel) se puede observar que misteriosos sucesos acontecen en el planeta ligados al electromagnetismo, lo cual cobra vidas en diversas partes del globo. Los científicos descubren que el núcleo de la Tierra se ha paralizado y se decide volverlo a reactivar mediante la explosión de una bomba nuclear en el centro de la Tierra, como se ve, la solución aparente en esta película es obtener un resultado positivo de una de las invenciones más terribles de la humanidad. Durante la película se descubre que el núcleo de la Tierra fue paralizado por otro invento humano que puede provocar sismos en cualquier parte del mundo, es decir, el problema ha sido provocado y ahora se busca repararlo. Al final de la película, los científicos logran su cometido, reactivando el núcleo y así la humanidad puede volver a sus vidas cotidianas en el capitalismo mundial.

En el caso de El día después de mañana (The Day Alter Tomorrow, 2004, Roland Emmerich), diversos fenómenos climáticos demuestran que algo está pasando en el planeta, afectando diversas ciudades hasta convertirlas en parajes de la nada. El culpable del desastre natural que provoca una suerte de nueva Era de Hielo es la humanidad, la humanidad o mejor dicho los países del Primer Mundo que explotan los recursos naturales provocando este mito moderno del calentamiento global. Tras el paso de gigantescas tormentas, casi todo el hemisferio norte del planeta termina congelado, mientras que los sobrevivientes son evacuados al sur en una irónica jugada de la película en torno a las relaciones entre países ricos y pobres, Primer Mundo y Tercer Mundo, o el tema de la inmigración. Al final de la película, se da un mensaje esperanzador, una suerte de mea culpa por el desastre natural acontecido y un llamado a la fraternidad universal de boca del Presidente de Estados Unidos.

En la película 2012 (2009, Roland Emmerich) la causa de los futuros desastres es que los neutrinos de una enorme erupción solar provocan el calentamiento de la corteza terrestre, un científico logra descubrir esto a tiempo lo cual les da algunos años para prepararse, mientras algunos aseguran es producto de la profecía maya. Los gobiernos del mundo deciden seleccionar a ciertas personalidades para que sobrevivan, para lo cual se construyen unas barcas que deberán albergar a los sobrevivientes de la humanidad tras la catástrofe planetaria, dejando al resto de la humanidad en la absoluta nada, sólo enterándose del próximo desastre cuando ya es muy tarde. A destacar es que se venden pasajes VIP a quienes posean el suficiente dinero para adquirirlos, el capitalismo incluso en los momentos de peligro, la avaricia ante todo. Finalmente tras algunos problemas que incluyen fallas técnicas, sismos, tsunamis, erupciones volcánicas y hasta inversión de los polos magnéticos de la Tierra, la humanidad elegida sobrevive dispuesta a reconquistar el planeta que les fue quitado por la naturaleza.

Si bien, todas estas películas plantean desastres fruto del accionar de la naturaleza, podemos observar que en todas queda, en cierta forma, el destino de la civilización en manos del hombre otra vez. En el caso de El núcleo, la humanidad vuelve al capitalismo rápidamente, es decir, al presente perpetuo. Mientras que en El día después de mañana es el discurso de la autoridad la que lamenta y acepta los desastres como auto-provocados, pero se da a entender que el capitalismo continuará, al menos desde un rasgo más ecológico si fuéramos esperanzados. En 2012, sólo unos pocos sobrevivientes deberán repoblar la Tierra, pero al tratarse de personas elegidas por sus capacidades técnicas o los capitalistas que lograron comprar sus tickets, que son la mayoría, es posible que el surgimiento de una nueva civilización se encuentre expresamente vinculada al capitalismo. Las palabras de Jameson se vuelven verdad.

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Visiones, espectáculo y nihilismo

Hagamos un detour. Desde tiempos inmemoriales el artista y el mago o profeta pertenecían a una cofradía no muy distanciada. En la modernidad, la admiración hacia el profeta ha recaído en algunos artistas. En muchos casos esta transformación se ansía, como cuando Rimbaud decía: “Digo que hay que ser vidente, hacerse vidente. El poeta se hace vidente por un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos”. Mirando en retrospectiva podemos sospechar que muchas veces el artista y su obra se convierten evidentemente en visionarios, por ejemplo los cineastas expresionistas alemanes de los años 20’, cuando sus temáticas y personajes en cierta forma reflejaban el ascenso del nazismo. Obviamente, se trata de interpretaciones a posteriori, generalmente.

El artista también considera, en algunos casos, que no realiza su obra para sus contemporáneos sino que para una futura audiencia, como cuando en el prólogo de El Anticristo de Nietzsche escribe: “Este libro está hecho para muy pocos lectores. Puede que no viva aún ninguno de ellos. Esos podrán ser los que comprendan mi Zaratustra; ¿acaso tengo yo derecho a confundirme con aquellos a quienes hoy se presta atención? Lo que a mí me pertenece es el pasado mañana. Algunos hombres nacen póstumos.”

Ahora, esta situación en que el humano creativo se vuelve visionario no la podríamos añadir a los directores de estas películas de desastre por una simple razón: la motivación tras estas películas es generar dinero mediante la explotación del miedo ante el futuro. Ni más ni menos podemos pedirle a la ideología llamada “neoliberal capitalista de mercado desregulado” si citamos al poeta y ensayista Armando Uribe. Y si aún existiera cierta motivación un tanto más humanista o contestataria, se vería absolutamente cancelada porque el mismo sistema coopta a la contracultura convirtiéndola en parodia espectacular, por lo tanto en mercancía. El director de cine hollywoodense no es un artista, sólo es un funcionario.

El objetivo del cine hollywoodense es desarrollar productos y generar ganancia, esta finalidad está más desarrollada que en otros cines, citando a Guy Debord podemos decir: “El espectáculo es el capital en un grado tal de acumulación que se transforma en imagen”. Estos productos visuales se encuentran completamente procesados, la importancia de las películas de desastre, su función, es el desarrollo de imágenes impactantes por un realismo exagerado, con el desarrollo de la técnica como pilar esencial de su mediatización. Las enormes campañas publicitarias que realiza el cine hollywoodense permiten que sus imágenes invadan la vida cotidiana, creando mosaicos en la ciudad que vuelven omnipresente sus imágenes de desastre, es entonces, que de forma consciente e inconsciente las imágenes pasan a ser parte de nosotros, citando otra vez a Debord podemos decir que: “El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes”.

A fines del siglo XIX, Nietzsche escribía: “Lo que cuento es la Historia de los dos siglos próximos. Describo lo que vendrá, lo que ha de venir infaliblemente: el advenimiento del nihilismo. Esa historia puede ser contada ya desde ahora, pues la misma necesidad está manos a la obra.” Durante todo el siglo XX fuimos testigos de la destrucción de las ideologías a gran escala. El mundo había llegado al punto de que en cualquier momento la humanidad se podía extinguir por su propia mano e invenciones. La catástrofe estaba a la vuelta de la esquina. Vaciados de creencias, sólo nos hemos convertido en espectadores de nuestro final, el cual podría ser transmitido en cualquier minuto. Esta visión nihilista de la vida, de los sucesos, es útil para el mismo capitalismo el cual niega las ideologías, y que, por lo tanto él mismo se niega como tal. El capitalismo es una ideología cínica, toda su sobrevivencia depende de su enmascaramiento, de su autoengaño o quizás como podría decirlo Sartre de su “mala fe”.

En este mundo moderno donde las viejas utopías se han extinguido bajo el peso de la praxis, donde ya no existe una visión de futuro que no sea la del desastre y la ruina espectacular, la humanidad vive en un presente perpetuo entre imágenes. El capitalismo sólo subsiste en este presente y cuando, como en estas películas, se plantea la superación del período de catástrofe ya no es como una oportunidad para el experimento, para probar nuevas formas sociales, sino que sólo se trata a toda costa de volver al capitalismo salvaje que todos conocemos. La idea de civilización se ha ligado absolutamente a la de capitalismo, hoy son indivisibles, no hay más opciones para las masas. En el futuro y nuestro presente, no hay lugar para ninguna clase de humanismo. Todos los conceptos vaciados por el simple hecho de su mercantilización, pasan a convertirse en cascarones, meras reminiscencias de lo que eran. Sólo nos queda el vacío.

Presentado en las Jornadas Humanistas UVM, Viña del Mar 2015.

Bibliografía consultada

Benjamin, Walter. La dialéctica en suspenso, Lom Ediciones, Santiago de Chile, 2009.

Camus, Albert. El mito de Sísifo, Editorial Losada, Buenos Aires, 2010.

Cerda, Martín. La palabra quebrada, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1982.

Cerda, Martín. Precisiones, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2014.

Debord, Guy. La sociedad del espectáculo, Ediciones Naufragio, Santiago de Chile, 1995.

Jameson, Fredric. Las semillas del tiempo, Ediciones Trotta, Madrid, 2000.

Nietzsche, Friedrich. El anticristo, Ediciones Gabriela, Santiago, 2007.

Nietzsche, Friedrich. La gaya ciencia, Gradifco Ediciones, Buenos Aires, 2007.

Rimbaud, Arthur. Poesía completa, Ediciones 29, Barcelona, 1998.

Uribe, Armando. Conversaciones en privado, Editorial Cuarto Propio, Santiago de Chile, 2004.

Uribe, Armando. El fantasma de la sinrazón & el secreto de la poesía, Be-uve-Dráis Editores, Santiago de Chile, 2001.

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