Martes, Octubre 27, 2015
“Surire”: Convivencias con el paisaje

Por Pablo Molina Guerrero

“Surire” (2015) es la última obra realizada por la dupla de documentalistas Perut-Osnovikoff. La película se encuentra situada en el salar y monumento natural del mismo nombre, ubicado “a 4.300 metros sobre el nivel del mar, en la frontera con Bolivia” como reza el texto introductorio de la obra.

Hay que considerar que “Surire” empieza ahí donde nos habíamos quedado en “Noticias” (2009), entre burbujas y árido desierto, esta continuación es lógica debido a que durante la realización de “Noticias” surgieron las ideas, espacios y personajes que les permitirían continuar no sólo con “Surire”, sino que también con “La Muerte de Pinochet” (2011).

Perut-Osnovikoff retratan ciertos momentos que se perciben como difíciles de vivir debido al contexto territorial del altiplano, demostrando una vez más ningún ánimo paternalista, a pesar de que es la obra en que se nota cierta empatía, incluso cariño hacia los personajes, alejándonos del ácido humor negro que les había caracterizado en sus anteriores obras (excusa no válida para descalificar sus aproximaciones al cine). Uno de los elementos realmente destacables es que han conseguido a través del lente y el montaje, una horizontalidad entre los sujetos que deambulan por el salar -mascotas, habitantes, máquinas y animales- quienes han pasado a ser parte de un omnipresente paisaje.

Sin duda, es el documental más etnográfico de la dupla, incluso llegando en ciertos momentos a emparentarse con los trabajos del Harvard Sensory Etnography Lab respecto a exploración estética y temporal. La utilización de teleobjetivos logra crear una plasticidad en las imágenes -concedido por las olas de calor del desierto- lo cual permite crear una distorsión visual para todos los elementos, contornos y formas, como si realmente todo fuera parte de un paisaje de tendencia abstracta. Una de las imágenes más llamativas es, sin duda, cuando una llama camina sobre un terreno entre salar y desierto, pero el efecto óptico es tal, que se le ve avanzando por un lugar serpenteante donde los límites entre estos elementos son difíciles de determinar, casi como si levitara.

Surire, debido a la explotación minera que podemos observar en las imágenes y al tratarse de un monumento natural, en manos de otro realizador se hubiera convertido en un aburrido panfleto de denuncia, en cambio en las manos de la dupla pasan sólo a ser otro elemento del absurdo que sucede en la vida, sólo otro elemento en un territorio donde los límites difusos -potenciados por los teleobjetivos y los espejismos- unen fauna, máquinas y seres humanos despreocupados los unos de los otros, pero en convivencia.

Desde hace algún tiempo la dupla ha convertido a los pies en un elemento fetiche de su cine, y “Surire” no es la excepción, escenas con pies desgastados que llegan a camuflarse como parte del desierto rondan durante todo el metraje. A su vez, el trabajo de sonido directo es digno de elogio, diversas texturas sonoras se van sucediendo entre plano y plano. Cada escena ha sido bellamente compuesta por Pablo Valdés, quien se ha ido convirtiendo en el director de fotografía de los últimos documentales nacionales importantes. “Surire” es, en términos de composición, mucho más “centrado” que “Noticias”, por ejemplo, los “puntos fuertes” en la imagen ya no se encuentran en los bordes extremos de la misma –sobre todo en los planos generales- por lo que se va destacando al paisaje como el límite de este microcosmos, la frontera e incluso a veces, como el personaje más importante.

Tras “Surire”, la dupla formada por Bettina Perut e Iván Osnovikoff confirman una vez más su habilidad para crear obras documentales que exploran nuevas vías, formas y estéticas, siempre desafiando a la ética paternalista de cierto documental chileno y generando, cada vez más, un hambre por su cine al ser los máximos experimentadores formales en el cine chileno.

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