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De la soledad en la Trilogía del Dólar (y otras derivas) | Valpovisual
Viernes, Agosto 14, 2015
De la soledad en la Trilogía del Dólar (y otras derivas)

La aparición de la llamada Trilogía del Dólar de Sergio Leone en la esfera pública, renovó la estética del western y a su vez, retrató nuevos paradigmas de la sociedad moderna que se pueden observar en la caracterización de Clint Eastwood como un hombre solo y ambiguo ante un territorio azotado por seres dispuestos a matar por un puñado de dólares.

Por Pablo Molina Guerrero.

“Nos hemos encontrado, sin saber cómo ni desde cuándo, en un mundo de más en más inhóspito”

Martín Cerda, La palabra quebrada (Ensayo sobre el ensayo).

Con la irrupción del héroe moderno en las películas la forma de ver el mundo cambió para siempre, ello, iniciado por el fracaso del humanismo europeo tras el cruel desastre que dejó la Segunda Guerra Mundial. Ya no podían existir héroes completamente buenos, ni antagonistas completamente malos. En cierta forma, esta nueva perspectiva permitió nutrir la dramaturgia y darle más cuerpo a los personajes que se representan.

Implícita y explícitamente, todas las historias del western tratan de la relación personaje-paisaje. Es el territorio el que define a los personajes, sus funciones, vestuarios y actitudes. Los personajes de este género son, después de todo, “personajes escindidos, resquebrajados en su condición de ser, extraviados en la tierra de nadie de la condición humana”, como señala Vidaurre. Por ello, no ha de extrañar que el espacio al cual está circunscrito el western es el desierto, lugar de espejismos mas no de espejos, de fiereza y no de ternura.

Todo western es un universo de fronteras, sean políticas, territoriales, étnicas o limitadas por la lengua, pudiendo ser una o más de ellas partícipes de los dilemas de la trama, pero lo que siempre estará es cierta idea muy ligada al racionalismo francés: los límites de la civilización (el bienestar) y la barbarie (la maldad). Escribe Jacobsen, “en un western, constituyente mítico de una nación como Estados Unidos de América, el refuerzo de la idea de empresa privada, a través de la visión del esfuerzo del colono por asentar el territorio y prosperar (en el contexto de otro mito que enfrenta al civilizado del Este contra el salvaje del Oeste), aparece una de las sustancias discursivas más características del género. Así, el esfuerzo se verá recompensado por el derecho a explotar un territorio rico en posibilidades económicas (la Tierra Prometida como otro mito relacionado)”. Esta dicotomía, hija directa de la estructura del mundo occidental, proviene del monoteísmo católico acerca de la división de la moral en dos polos contrarios e irreconciliables. En el cine moderno, esta concepción será superada con la aparición del Antihéroe.

La llamada Trilogía del Dólar, compuesta por Per un pugno di dollari (1964), Per qualche dollaro in più (1965) y por Il buono, il brutto, il cattivo (1966), todas dirigidas por Sergio Leone y con Clint Eastwood en el papel principal, se hicieron cargo de este y otros asuntos muy trascendentales para el cine moderno ante los cuales, nos centraremos principalmente en el tema de la soledad.

En las tres películas, el personaje de Clint Eastwood en algunos casos llamado el Hombre sin nombre, es un hombre silencioso, misterioso, ambiguo, sin amigos y mortal. Es un hombre que se traslada desde la nada y que inevitablemente volverá a la misma, es puro trayecto y pura lejanía. En cierta forma pareciera “deambular en lugar de viajar. La figura ambulable carece de orígenes a los cuales retornar; soporta el peso de su existencia en la soledad abismal de su cuerpo”, tal como escribe Vidaurre.

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El Hombre sin nombre sólo se traslada, no posee metas, más bien pareciera que las cosas se le van dando y él reacciona, toma decisiones que no siempre pensó, sino que le van siendo impuestas como provechosas ofertas “laborales” o por los residentes del o los pueblos que visita: los otros. A veces, algunos de los otros son bondadosos pero, por lo general son hostiles. La muerte continua y el desierto les ha obligado a convertirse en animales desconfiados y peligrosos, ni siquiera es necesario ilustrar el nivel de ruina que poseen todas las arquitecturas, todos los pueblos parecieran estar azotados por una catástrofe que pasó o aún sucede. Esto mismo, la precariedad de la vida, provoca que perderla sea algo tan fácil, nada más falta ofrecer algunos dólares.

Este enfrentamiento con los otros es mediado por la muerte, compañera inevitable en cualquier historia ambientada en un espacio inhóspito, lleno de fisuras y siempre en un limbo entre lo que debería ser y lo que es. El personaje de Eastwood no posee moral alguna. Suele ser contratado o busca ser contratado por figuras del poder o simplemente, se encarga de “limpiar” el desierto de los otros que son perseguidos por la ley, en ambos casos no es la intención de ayudar o mejorar aquellos pueblos lo que lo mueve, sino que es la forma en que logra ganarse la vida. Su sueldo es producto de matar a los otros, una disimulada codicia monetaria oculta en su expresión cuarteada bajo el sol y sus pocas palabras.

Esa es la razón del que este hombre mortífero siempre se encuentre en movimiento, en tránsito. Su “labor” es lo que lo define y le impide tener un pasado o un futuro al cual poder sujetarse como el resto de los mortales, ello lo diferencia absolutamente de todo otro tipo de héroe del western, quienes solían ser personajes que entablaban relaciones y que por lo general eran sheriffs, es decir, emisarios del poder y de la civilización en tierras sangrientas y salvajes. La podredumbre social ha tomado a todos los personajes, y no habrá nadie completamente bueno ni malo, Vidaurre dice: “los nuevos héroes son los héroes de la crisis, los mestizos del género, aquellos sin tierra, sin familia, sin raza e incluso sin nombre”.

Un hombre en perpetuo movimiento es un hombre sin pasado, un hombre solo, un extranjero en las tierras de otros, alguien que sólo está de paso en territorios que demuestran sus cicatrices y conflictos a flor de piel pero que es testigo y actuante en un mundo en decadencia. El origen de este cambio de paradigma con la extinción del héroe clásico se ve determinado por la crisis de las ideologías tras la Segunda Guerra Mundial y por el desamparo en el vivir que se produce en las ciudades cada vez más pobladas, ambas situaciones y sensaciones van socavando las almas humanas de forma silenciosa hasta sólo dejar una carcasa de lo que debiera ser una persona.

La Trilogía del dólar no podía obviar en forma implícita estas disyuntivas de la condición humana contemporáneas a la realización de las películas, en su interior se ven retratadas constantemente temáticas relacionadas al racismo (mexicanos-gringos), el horror de la guerra (la Guerra de Secesión) y la sed por el dinero, una forma de capitalismo sucio y amoral a través de la alegoría del mercenario solitario. No cabe duda en la popularidad de esta serie de películas en las que el que el héroe de las mismas sea un personaje ambiguo pero ávido de dólares, ello es en cierta forma motivado por el creciente auge del capitalismo y sus resultados: nuevos ricos sin escrúpulos y la promesa de oportunidades para todos.

Tras la muerte de dios y el inicio del nihilismo profetizado por Nietzsche a fines del siglo XIX, el hombre va quedando huérfano y naufrago en un mundo que ya no logra entender del todo y que para sobrevivir, debe ensuciarse las manos. Este hombre, cualquiera sea el lugar del que proviene o al que va, queda solo. Esta situación se podía otear desde hace siglos, uno de estos visionarios fue Francis Bacon, filósofo y canciller de Inglaterra, quien escribía: Sin la amistad, el mundo es un desierto.

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Bibliografía consultada

Bacon, Francis. Ensayos, Aguilar, Buenos Aires, 1961.

Cerda, Martín. La palabra quebrada, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1982.

Cerda, Martín. Precisiones, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2014.

Jacobsen, Udo y Lorenzo, Sebastián. La imagen quebrada-Palabras cruzadas, Fuera de Campo, Valparaíso, 2009.

Nietzsche, Friedrich. Ecce Homo, Longseller, Buenos Aires, 2011.

Vidaurre, Miguel Ángel. El héroe y el umbral, Facultad de Artes Universidad de Chile, Santiago, 2002.

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