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“El Club”: La estética de la impunidad | Valpovisual
Viernes, Julio 10, 2015
“El Club”: La estética de la impunidad

Por Pascal Jorrat

“Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.”

Con esta frase del Génesis se da inicio a El Club (2015, Pablo Larraín), una frase que nos introduce la idea de Dios como responsable del deslinde entre el camino del bien y del mal, dejándonos a nosotros la responsabilidad de decidir el que queremos tomar.

Bajo esta premisa, cuatro sacerdotes viven aislados en una casa en el pueblo de La Boca para poder expiar sus culpas. Además de ellos vive la hermana Mónica (Antonia Zegers) que es la encargada de cuidarlos y mantener los horarios y reglas en la casa. La rutina de los religiosos los ubicaba en una posición irreflexiva de sus acciones a las que están encadenados, por lo tanto, a pesar de estar en las tinieblas no lo pueden reconocer, e incluso, tampoco pueden vislumbrar la luz. En esta dinámica llega un quinto sacerdote, el padre Lazcano (José Soza), por las misma razón que el resto, y que a pesar de su fugaz estada, quebrará la estabilidad de la casa provocando por primera vez la reflexión de los sacerdotes por sus acciones.

B091_C004_08034BTal como la identidad de las instituciones está determinada por sus personas, la casa donde comparten los sacerdotes va adquiriendo una personalidad lúgubre y silenciosa. El padre Vidal (Alfredo Castro) está en la casa por abuso a menores, el padre Silva (Jaime Vadell) por su vinculación con organismos de represión en la dictadura, el padre Ortega (Alejandro Goic) por su colaboración en adopciones ilegales y el senil padre Ramírez (Alejandro Sieveking) que lleva varias décadas ahí, no recuerda el motivo ni tampoco hay registro de ello.

En un comienzo de la película uno empatiza con los sacerdotes y con su rutina marcada por la conversaciones en las comida y el entrenamiento de un perro galgo con el que han ganado varias carreras. Pero esto se quebrará con la aparición de Sandokán (Roberto Farías), una víctima de los abusos del padre Lazcano que deambulará ebrio por los alrededores de la casa y la llegada del padre García (Marcelo Alonso), joven sacerdote que representa a la iglesia más progresista cuya misión es investigar algunos sucesos que ocurrieron en la casa.

A medida que el padre García indaga en los antecedentes de los sacerdotes y Sandokán revela su soledad y búsqueda de una respuesta para entender su pasado, se va diluyendo la compasión que hasta el momento sentíamos por ellos y desde esa mutación donde comienzan a mostrar sus grietas se construye lo sórdido. El humor negro del que éramos testigos se vuelve incómodo, la compasión que habíamos experimentado es peligrosa, ahí yace la violencia de la película, se habla de abuso pero no se muestra, es el espectador el que debe completar los actos a través de su conciencia tal como Micheal Haneke lo plasma en sus películas (genialmente logrado en Funny Games) y con escenas independientes que montadas logran tensión entre ellas, como genialmente lo logra Paul Thomas Anderson.

imagen2La inteligencia y belleza de la película parte por el guión a cargo de Daniel Villalobos y el dramaturgo Guillermo Calderón quienes crearon una historia que se sostiene a sí misma, así como con unos diálogos pulcros y muy acertados. La fotografía en base a iluminación natural y lentes anamórficos (los mismos utilizados en Post Mortem) que generan un tono y atmósfera coherente con el desarrollo de la película, es a su vez acompañado por una excelente banda sonora a cargo de Carlos Cabezas (quien también colaboró en No).

Al igual que El Bosque de Karadima (2015, Matías Lira), lo que busca El Club es generar conciencia, no nos podemos olvidar que la iglesia está infectada por curas responsables de abusos, pero nadie asume nada y la institución es cómplice silenciosa al igual que la casa donde los protagonistas deben expiar sus culpas. Mientras recordemos esto, el poder y la impunidad de los responsables se perderá, tal como el perro galgo perdió las carreras mientras los sacerdotes eran investigados por el padre García, quien decide callar lo descubierto para proteger la imagen de la iglesia frente a la opinión pública. Esta decisión refleja el verdadero miedo que tienen los curas, no al infierno, sino a los medios de comunicación y su creencia de que deben ser juzgados frente a Dios y no en tribunales laicos.

En El Club, Pablo Larraín sigue la línea de sus películas anteriores con un deslumbrante reparto ya habitual en sus trabajos y una estética de la demolición encarnada en personajes que viven al margen de la sociedad, demostrando por qué es uno de los mejores directores del cine chileno.

Ficha Técnica:
Chile, 2015, 98 min.
Título Original: El Club.
Director: Pablo Larraín.
Guion: Guillermo Calderón, Daniel Villalobos.
Reparto: Roberto Farias, Antonia Zegers, Alfredo Castro, Alejandro Goic, Alejandro Sieveking, Jaime Vadell, Marcelo Alonso, Paola Lattus, Diego Muñoz, Erto Pantoja.

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