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Maite Alberdi, documentalista: “No me gustan las películas en que no pasa nada” | Valpovisual
Lunes, Junio 15, 2015
Maite Alberdi, documentalista: “No me gustan las películas en que no pasa nada”

Conversamos con la directora de “La Once”, documental que a poco días de su estreno ha recibido positivas críticas y diversos premios a nivel internacional (DocsBarcelona TV3, Guadalajara y Miami). Entérate de su opinión del documental nacional contemporáneo, la forma en que desarrolló su más reciente película y sus nuevos proyectos aquí.

Por Daniela Fuentes Posada

Maite, comenzaste en el mundo del cine desde la vereda de la crítica, particularmente escribiendo para “La Fuga”. ¿Cómo fue esa experiencia?

“Escribí muy poco, cuando era estudiante, sin dimensionar mucho las implicancias y lo irresponsable que podía llegar a ser eso. Rápidamente me di cuenta de que no se podía jugar a dos bandos, que no se puede estar haciendo y criticando a los demás al mismo tiempo. Si me lo preguntas ahora, borraría todos mis escritos, porque siento que hay cosas que no se pueden cruzar porque hay conflictos de intereses. De todos modos, admiro demasiado al equipo de “La Fuga” y me parece increíble lo que hacen, siento que me súper-formé con esas discusiones”.

Conociendo ese lado, ¿qué te provocan las buenas críticas que ha recibido “La Once”?

“La verdad es que trato de distanciarme de ellas porque siento que como director te afectan mucho y, a veces, no sé si aportan realmente. Me gustan las mesas de diálogo con críticos, foros con críticos y las discusiones que se pueden generar en esos espacios, pero las criticas trato de no leerlas. Además, como yo también escribía, sé el poder de opinión que tienen aquellos que están hablando desde una subjetividad (que es totalmente válida), pero como directora siento que no te enriquecen porque no están dirigidas a ti. O sea, me están criticando a mí pero no es para que la lea yo, sino las audiencias. Por eso, prefiero no leer ninguna, lo mismo que con las entrevistas, porque uno se lo toma muy personal”.

¿Cuál es el punto de partida para desarrollar tus películas?

“Para mí lo más importante es el personaje, siento que si no tengo un buen personaje la realidad no me va a entregar acciones cinematográficas. Y, ¿quién es un gran personaje para mí? Todo el mundo es un potencial buen personaje, pero no sólo es importante que tenga determinadas características de personalidad e historias increíbles, sino que esté viviendo ‘esa’ historia, que le esté pasando ahora, porque si le pasó hace cuarenta años y no la puedes contar, para qué”.

Se trata de personajes y de momentos…

“Personajes que están viviendo una historia, una historia que sea materializable en el lenguaje cinematográfico, ya sea desde la palabra, las acciones o como sea. Si esa historia no la puedo narrar, por muy increíble que sea el personaje, no se puede hacer. Mis películas tratan de personajes pero dan cuenta de cosas, porque yo, como espectadora, voy al cine para que me cuenten una historia y espero que pasen cosas. No me gustan las películas en que no pasa nada”.

En ese sentido, ¿cuál crees que es el rol del documental? ¿Crees que tiene inminentemente un rol político?

“Yo creo que, de alguna manera, todas las obras son políticas. Esta película, que puede parecer apolítica, al final es muy política porque presenta una critica de clases y, al mismo tiempo, también una apertura hacia cierta clase. Puedes entender cómo estas mujeres piensan, de dónde vienen, cómo fueron criadas y también por qué la sociedad chilena conservadora es como es. A mí, en lo personal, me interesa tener un compromiso con el espectador a partir de la reflexión, es decir, dándoles la posibilidad de que puedan hacerse planteamientos profundos. Quiero plantear discusiones y preguntas, quiero compartirles experiencias que puedan asociar con su vida; en el caso de “La Once”, experiencias de amistad, de vejez y de muerte”.

¿Crees entonces en el documental como herramienta?

“Yo creo que es una herramienta de conexión y de reflexión. Yo hago documentales porque es mi posibilidad de vivir muchas vidas y de relacionarme con mucha gente, sino mi vida sería demasiado aburrida. Te juro que si después de ver “La Once” la gente sale de la sala diciendo “quiero salir con mis amigos”, para mí es suficiente”.

LA-ONCE

¿Por qué el público debería ir a ver “La Once”?

“Es un documental universal pero no como lo tenemos entendido. No está asociado a la contingencia ni comprometido al tema social-político, sino que apela a la experiencia y las emociones. Esta película habla de algo que vivimos a diario: todos tenemos amigos, todo el mundo se pregunta cómo quiere llegar a viejo, la muerte es una pregunta, la sexualidad, el amor y la infidelidad son temas en general, por lo que todos pueden darse por aludidos. “La Once” no es una película temática asociada a cierto interés del público, sino que está asociada a una experiencia transversal de todo el público”.

Más allá de lo cotidiano que puede ser “tomar once”, este documental da cuenta de cómo lo hace un grupo de señoras pertenecientes a la clase social alta. ¿Crees que eso ha tenido que ver con el interés que ha generado la película?

“No sé si la gente va a verla por eso. Creo que pasa al revés, las ves y, como son encantadoras, puedes conectarte con alguien que jamás pensarías que te habrías conectado. Al final te das cuenta de que de verdad estás entrando a un espacio muy íntimo al que no podrías entrar de otra manera”.

No es sólo la cotidianidad sino darle un significado a esa cotidianidad…

“Sí, porque estas señoras están tres días preparándose para esta situación que transformaron en un rito sagrado, porque fueron capaces de darle un sentido a su vida cotidiana. Vemos que los ritos no son sólo el matrimonio o el súper evento del año, sino que también este encuentro súper importante que ellas tienen una vez al mes. Esa transformación es para mí lo valioso, porque tiene que ver con preguntarnos cómo estamos viviendo las relaciones humanas en general”.

Y pareciera que cada vez nos alejamos más de la ritualidad, de lo simbólico…

“Sí, de darle sentido a la vida a través de la ritualidad y de darle un significado a la cotidianeidad. Porque en general a uno no le pasan demasiadas cosas en la vida pero no todos son grandes ‘eventos’, entonces, lo único que nos queda es vestir las cosas simples, valorarlas y para valorarlas nos tienen que costar un poco. El ritual se extiende en el tiempo desde que sabes que ese día ‘x’ te comprometerás a eso, prepararte, ver qué te vas a poner… Son trivialidades pero la vida está llena de esas trivialidades”.

Un aspecto que a simple vista llama la atención de “La Once” es su fotografía, que trabajaste con Pablo Valdés ¿Cómo fue ese proceso?

“Pablo es una extensión de uno, él aprende a mirar como está mirando uno y tiene la capacidad de mimetizarse con la cámara en los lugares sin hacerse sentir, por lo que todo fluye de manera fácil. Eso tiene que ver con una capacidad fotográfica pero también con un don de personalidad, y a mí me importan mucho las relaciones humanas en los equipos porque se tiene que convivir mucho tiempo. El trabajo de fotografía fue súper difícil porque teníamos que juntar muchos años de onces. Nos preocupamos de que la luz fuera igual a lo largo de los años, si era primavera o verano, daba lo mismo, porque tenía que verse siempre de la misma manera. Trabajamos con la mesa como una naturaleza muerta en relación con ellas, para que esta pintura fuera transversal y no se sintiera el paso del tiempo desde la fotografía. Por otro lado, las onces siempre eran en diferentes casas y yo quería que en la película se viera como una sola casa. Entonces, lo que hicimos fue elegir un aspecto de cada casa: la ventana, la puerta, en otra la vitrina; y así, juntando estos elementos, se conformaba una casa nueva, una escenografía nueva. Hubo un trabajo pensado desde mucho antes de ponerse a filmar”.

¿Qué te parece la apertura, en cuanto a experimentación, que ha tenido el documental en Chile?

“Creo que la gracia del documental chileno contemporáneo es que no lo puedes encasillar porque hay una variedad de estilos, temas y formas, y yo valoro todos los estilos en la medida que estén bien realizados. Creo el documental chileno actual tiene la gracia de ser totalmente libre temática, narrativa y estilísticamente, y eso es un plus. Hay mucha producción y, en términos de audiencia, hay para todos los gustos”.

Sabemos que ya estás desarrollando tu próxima película, “Los niños” ¿Puedes adelantarnos algo de eso?

“Los niños” es un documental de un grupo de adultos con Síndrome de Down que llevan cuarenta años yendo al mismo colegio y que están cansados de que los traten como niños. Están envejeciendo y nadie pensó muy bien qué iba a pasar con ellos en la adultez, porque la expectativa de vida para ellos era de 25 años y hoy es de 60. Ellos son la generación que demostró que la expectativa de vida había cambiado, por lo tanto viven en una sociedad que creó las condiciones para que lleguen a ser adultos pero que no está preparada para acogerlos y brindarles las necesidades que tienen como adultos. Ellos saben la edad que tienen y saben que siguen viviendo como cuando eran chicos, el documental plantea una pregunta para las nuevas generaciones. Actualmente estamos editando, todavía nos queda grabar bastante, pero ya empezamos la edición”.

Agradecimientos: MiraDoc – Pablo Molina Guerrero