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“Cuesta Abajo”: (Auto)engaños | Valpovisual
Martes, Diciembre 9, 2014
“Cuesta Abajo”: (Auto)engaños

Por Pablo Molina Guerrero

Cuesta Abajo (2013) es el segundo largometraje de Cristian Pérez-Pérez, quien continúa trabajando temáticas como la separación y la crisis a través de sus parejas protagónicas, tal como lo vimos en El evangelio de la gente sola (2008), su ópera prima.

En esta película vemos a Valparaíso como el hogar de personajes decadentes que se mueven como peces en el agua durante la noche. En sus vidas afloran cicatrices, tal cual como en el paisaje en que habitan si pensamos en la fisonomía del puerto, con sus quebradas como heridas abiertas a la vista y paciencia de todos quienes deambulamos por allí, como los personajes de Pérez.

Personajes que se desenvuelven como una suerte de punkys porteños nocturnos para quienes el exceso es la ley, provocando que la repetición de situaciones y problemas no den luces de cambio alguno, cayendo todos en una espiral de monotonía y daño asistida por una multitud de cervezas y la música de Los Saicos.

En Cuesta Abajo la imagen que los personajes tienen de sí mismos y lo que realmente son empieza a chocar, creando conflictos irreparables. Este es el caso de uno de los protagonistas, un hombre de treinta y tantos años que intenta vivir aún con el espíritu de su adolescencia. “El mecha” no está dispuesto a cambiar su ser, que en suma ha sido consumido totalmente por la imagen que proyecta, vampirizado por una idea, convirtiéndose en sólo una carcasa y en el punk más conservador y recalcitrante que he visto en pantalla. .

El trabajo actoral y el caos de la puesta en escena sugieren un arduo trabajo; es destacable que esta obra haya sido realizada a partir de la autogestión absoluta, de forma mancomunada con los actores. Quizás podría hacerse un símil con la forma en que Cassavetes se relacionaba con sus actores; creo que no sería descabellado pensar que esta es una gran influencia en el director.

cuestabajo

Pérez tiene bastante claro que sus producciones van necesaria e indisolublemente ligadas a la autogestión, lo que comprende y aprovecha para tomarse libertades que se agradecen. Libertades que permite el digital. Si bien esta película fue registrada en color, su último corte ha virado al blanco y negro, lo que a mi parecer es un acierto.

La forma estilística de grabación se realizó de la única forma en que podría registrarse un contexto de personajes borrachos y decadentes: con una cámara hiperquinética que ve bien y luego borroso, que busca, erra y se mueve con los personajes, en suma, que baila alrededor de ellos. Se podría afirmar que el planteamiento estético de este largometraje es su punto más valorable, ya que funciona como una orquestación caótica del espacio, tal como si se tratase de una mirada ebria. Aquí la forma se une simbióticamente con el tema.

 

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