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Edison Cájas: “Hay que reflexionar sobre el país que uno está creando a través del cine” | Valpovisual
Miércoles, Mayo 14, 2014
Edison Cájas: “Hay que reflexionar sobre el país que uno está creando a través del cine”

Conversamos en profundidad con Edison Cájas, director del recientemente estrenado documental “El vals de los inútiles”. Conoce aquí su visión sobre el movimiento estudiantil actual y el rol del cine documental.

Por Daniela Fuentes Posada

Movimiento estudiantil: “Me siento parte de esta generación que quiere cambiar las cosas”

 

El estreno de la cinta, el pasado jueves 8 de mayo, coincidió con la primera marcha estudiantil del año ¿Fue algo fortuito o se planeó así?

Fue coincidencia, ya que era muy difícil saber cuando iban a empezar realmente las marchas. Si bien intuíamos que mayo podría ser el mes de las manifestaciones, no sabíamos que justo el día del estreno iba a ser la primera, así que esto nos cayó de sorpresa y súper bien.

¿Cómo ves al movimiento en la actualidad? ¿Qué crees que ha perdido o ganado desde el 2011?

Creo que ha ganado más de lo que ha perdido. Que los dirigentes que estaban en ese momento estén hoy en el Congreso es un logro gigante para la democracia del país y para las transformaciones que se quieren hacer desde los movimientos sociales. En el 2011, el escenario era súper distinto: había un gobierno de derecha y había toda una bancada de derecha que estaba en contra del movimiento social, todo impulsó a crear  ciertos héroes y villanos dentro del movimiento. Ahora, el gobierno de Bachelet recogió el guante que los estudiantes dejaron ahí, por lo que probablemente el movimiento no sea tan álgido. Creo que ahora los movimientos tendrán que ver con otras preguntas e iniciativas; me parece que con el tema de la salud o las pensiones. La gente despertó tras el movimiento social del 2011 y eso fue el mayor logro, creo yo.

“El vals de los inútiles” tiene una mirada contemplativa del movimiento social, donde el observador mantiene una cierta distancia ¿Te sientes así en relación al movimiento?

Sí, claro. Yo partí mirando el movimiento del 2011 desde una mirada exterior, como en tercera persona. Lo que traté de hacer en el documental, sobre todo a través del personaje de Darío que es el chico del Instituto Nacional, es reflejar esa sensación que uno tiene cuando se va dando cuenta de que algo está pasando. Mi propia experiencia con el movimiento fue así, primero desde lejos y luego tratando de meterme cada vez más.

¿De lejos porque formaste parte de aquella generación de estudiantes que no pudo lograr lo que sí logró el movimiento del 2011?

Claro, yo estudié en los 90 en el colegio y, en ese momento, en el Instituto no pasaba nada, en Chile no pasaba nada. Yo tengo 10 años de diferencia con estos cabros, por lo que siento una cierta distancia con ellos, pero al mismo tiempo me siento parte de esta generación que quiere cambiar las cosas y transformar el país a partir de la calle. Me parece que hay que reflexionar sobre el país que uno está creando a través del cine, por lo que intento retrotraerme un poco para mirar desde otro lado la realidad que estoy mostrando.

Muchos dicen que el movimiento tiene que buscar nuevas vías de manifestarse, ya que las calles no están rindiendo los frutos esperados ¿Son inútiles las marchas?

La calle nunca pase de moda. En Chile, históricamente, la calle ha sido un lugar importante para la trascendencia política de este país. Es cosa de recordar los años 40, 60, 70 o finales de los 80 en donde las calles fueron tomadas para cambiar el destino de Chile, y ahí hay una base en cuanto al poderío que uno puede ganar en la calle. Sin embargo, estoy de acuerdo con que hay una crisis de este empoderamiento ciudadano que tiene que ver con la época en que vivimos. Internet es tan fuerte ahora que yo creo que, de alguna forma, las protestas también están deviniendo en eso. A la calle, hay que incluirle las redes sociales y la tecnología para que la cosa funcione acorde a los tiempos en que estamos viviendo.

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Sobre “El vals de los inútiles”

Partamos por el título ¿Por qué “El vals de los inútiles”?

Es una talla. Se trata de una combinación entre los “inútiles subversivos” de Larraín y “El baile de los que sobran” de Los Prisioneros. En un principio, yo le quería poner “El baile de los inútiles” y esto derivó en “El vals de los inútiles”. El vals tiene que ver con este ir y venir de las personas y también con un recuerdo que yo tengo del plebiscito del 88, donde en una marcha vi a una pareja bailando vals en la calle. Le conté ese recuerdo a mi papá y él no se acuerda, yo creo que quizás lo inventé (risas).

El documental se acerca al movimiento estudiantil a través de dos individuos que si bien están separados generacionalmente, comparten una experiencia ¿Por qué contar la historia a través de estos dos personajes?

Porque era imposible contar el movimiento estudiantil, desde cualquier mirada. Ocupé a los personajes como excusa, para mostrar, a través de ellos, el escenario político que se estaba dando en la calle, y la evolución política del movimiento. En un comienzo teníamos a más personajes, en algún momento tuvimos uno solo, y cuando montamos fuimos reescribiendo el guión y escogimos estos dos personajes como excusa estructural, por decirlo así, para contar una historia que es muy grande. A veces me preguntan si esta es la historia del movimiento estudiantil y yo les digo que no, es una historia que relata el movimiento estudiantil a través de estos dos personajes.

¿Cómo llegaste a estos personajes?

Estaban corriendo en las 1.800 horas por la educación. Entrevistamos a un montón de gente durante la corrida y Miguel Ángel fue uno de los que entrevistamos al principio. Cuando yo lo conocí me di cuenta de inmediato que él iba a ser un personaje, pero yo no sabía que solo serían dos. Con Darío pasó lo mismo, estaba corriendo y era del Instituto Nacional, lo que me llamó la atención porque yo estudié en el Instituto y, de alguna forma, yo quería reflejar en este adolescente lo que me pasó a mí en el colegio y cómo se va construyendo un personaje político desde las asambleas y las conversaciones con los compañeros.

El tema de la incertidumbre es algo común en el rodaje de un documental. En tu caso, ¿qué tanto se te fue de las manos?

Se me fue de las manos todo el rato (risas). Primero, porque trabajar con adolescentes es muy difícil; y segundo, porque tratar de escribir una historia a partir de las vidas reales de las personas es súper complicado. El documental tiene más de 150 horas de grabación, así que te puedes imaginar cómo fue el proceso de montaje. Fue un poco caótico pero creo que finalmente funcionó todo bien.

Me imagino que al momento de decidir registrar este movimiento, te diste cuenta de que el tema estaba sobreexpuesto por los medios de comunicación e internet ¿Cómo diferenciarse de aquel bombardeo de imágenes?

Sí. Yo me acuerdo que prendía la tele o me metía a YouTube después de una marcha, y habían cincuenta o sesenta videos por marcha realizados con la misma cámara que utilizamos nosotros para el documental. Entonces, yo les decía a los cabros del equipo ‘¿cómo lo hacemos para que este documental sea distinto?’ y una de las respuestas fue la estética, la forma en que teníamos de registrar las imágenes. Así, nos poníamos muy de lejos, mirando las marchas y la corrida con cierta distancia, utilizamos muchos planos fijos e hicimos algunos seguimientos muy cuidados, un poco para huir de la estética utilizada por los noticiarios, no porque fueran malos, sino porque eran muy buenos y reflejaban esa sensación de que estaban en el lugar donde estaba sucediendo la acción, con cierta inmediatez. Por eso tratamos de hacer este documental un poco más pausado, mirando y reflexionando sobre las imágenes. El documental es un lenguaje súper potente para expresar un discurso, un discurso político en este caso, por lo que sentíamos que no podíamos descuidar el tema de la estética.

¿Cómo ha sido la recepción del documental en el extranjero? ¿Se ha dado que la gente asocia esta experiencia a otros movimientos sociales?

Sí, eso mismo. Mostramos la película en Francia y Turquía, y es loco cómo la gente que no sabía en qué consistía lo de las 1.800 horas, se identificó inmediatamente con aquella protesta y lo asoció a los movimientos sociales de su país. Yo me complicaba pensando en cómo les iba a explicar lo de la corrida y finalmente no fue necesario explicar nada, lo comprendieron súper bien y lo conectaron con su propia historia. Es muy loco, este documental tiene una conexión muy fuerte con la gente.

A tres años de aquel movimiento estudiantil ¿Cuál es el aporte de este documental?

Esto lo he dicho en otras partes pero nunca está de más decirlo: Yo creía que la película iba a estar añeja después de dos años de producción, porque nosotros terminamos de grabar el 2012 y estrenamos el 2014. Pero es loco ver cómo todo es cíclico, y cómo el documental ha tomado cierta relevancia durante estos días, cuando Bachelet está finalmente dando pasos a una transformación del sistema educacional. Yo creo que este documental, además de contribuir a reflexionar sobre el país que estamos construyendo, nos ayuda a darnos cuenta de que se pueden hacer transformaciones desde la calle y de que la gente sí puede ser dueña de su destino. Probablemente este movimiento se va a estudiar en los libros de historia en 20 o 30 años más, y me encantaría que este documental pudiera servir como registro de aquello.

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El documental como arma ideológica

Patricio Guzmán señala que el cine documental es para un país lo que es para una familia un álbum de fotografías ¿Compartes esta concepción de documental como documento histórico?

Sí, yo creo que eso es. El documental, sobretodo en Chile, tiene una tradición muy grande y, en algunos países, los documentalistas son mucho más reconocidos que los realizadores de ficción. Siento que el documental tiene una doble función; por un lado, plantear un lenguaje estético, visual y formal sobre la realidad; y, por otro lado, siguiendo la analogía de Patricio Guzmán, hacer que el álbum de fotografías de un país crezca, para darnos cuenta de quiénes somos, cuánto hemos crecido y para dónde vamos. Yo creo que el documental ayuda a mantener la memoria de un país.

Yendo más allá, ¿crees que el documental es además una herramienta ideológica?

En una función realizada en Valparaíso, me preguntaron si yo creía que el cine puede cambiar la sociedad, a lo que en ese entonces yo respondí que no. Sin embargo, ahora yo creo que sí puede cambiar las cosas, aunque no de una manera muy evidente. El cine, como los libros, la música y el arte en general, es capaz de penetrar en los discursos sociales, por lo que tiene una función importante y a la que no se le ha tomado el peso porque, a diferencia de la política, no es evidente. El arte va por caminos más silenciosos pero igual de efectivos, creo yo.

En ese sentido, el documentalista tiene una gran responsabilidad…

Igual es difícil asumir que uno tiene una responsabilidad tan grande como esa. Lo que yo debería decir, para ser políticamente correcto, es que yo hago películas para mí, acorde a mi visión personal, por lo que yo no me hago cargo de nada más. Pero yo creo que la verdad, siendo valiente y reconociendo el rol de los artistas en Chile, es que la obra ya no es de uno cuando está entregada, por lo que ésta va teniendo reacciones en la gente que si bien uno no puede controlar totalmente, responden a cierta visión de mundo. Esa contradicción existe pero no todos lo asumen.

¿Cuál es tu opinión sobre el estado actual del documental en Chile? ¿Hay algunos realizadores jóvenes que llamen tu atención?

Está pasando una cosa bien extraña y es que en las escuelas de cine se está formando únicamente para ser realizador de películas de ficción. Pero hay un par de realizadores, como Christopher Murray o Maite Alberdi, que están haciendo muy buenos documentales que están siendo premiados afuera. Creo que en Chile, en general, no está desarrollada la cultura de ver documentales. De hecho, hasta hace muy poco, yo iba a ver un documental pensando que iba a ser fome o que se iba a escuchar mal. Realizadores como Christopher y Maite han ayudado a poner en relevancia el documental y darle un giro a la estética, creo que en ese sentido están haciendo cosas innovadoras y jugadas. José Luis Torres Leiva, que es una generación mayor, también está constantemente innovando. Me parece súper interesante el formato documental para poder innovar y experimentar, lo que era una cosa que antes no se tenía mucho en cuenta, ya que se pensaba que el documental era un género más formal con temas aburridos para la gente. Ahora se están haciendo documentales de cualquier temática y, si te das cuenta, en las carreras de cine hay tres o cuatro documentalistas por escuela que están haciendo cosas buenas.

Entiendo que tu carrera como realizador iba por el camino de la ficción ¿Por qué incursionar en el documental?

Yo debería decir, siguiendo la lógica de lo políticamente correcto, que me sentí llamado por el documental (risas), pero fue por mera casualidad. Yo estaba escribiendo un guión de ficción y un amigo me llamó para registrar la corrida de las 1.800 horas por la educación. Yo había hecho un par de cosas en la escuela ligadas a la ficción, algunos cortos de época, nada que ver con el documental. Esto se fue dando en el camino y este documental, en particular, tiene que ver con eso porque no sabíamos si los personajes iban a estar comprometidos y mucho menos conocíamos cuál iba a ser el final de la historia.

En ese sentido, me imagino que incorporarte a este género algunos elementos de la ficción…

Yo no sabía hacer documentales. En la escuela nunca hice ejercicios de entrevistas, lo único que sabía hacer era armar una historia y contarla a través de los personajes, como un guión de ficción. Lo que hice en este documental fue agarrar ese formato que tenía en la cabeza y ponerlo a la fuerza ahí; hay un juego constante entre ficción y documental.

Finalmente, ¿qué proyectos estás desarrollando actualmente?

Estoy escribiendo un guión de ficción que voy a postular a los fondos. Todo está muy en verde pero puedo adelantar que está basado en hechos reales y que es como primo hermano del vals porque cuenta la historia de una mujer en la época de los 70. Es todo lo que puedo adelantar (risas).

Agradecimientos: Chile Doc / Alejandra Delgado