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Sergio Hernández: “Yo nací actor” | Valpovisual
Lunes, Abril 21, 2014
Sergio Hernández: “Yo nací actor”

Conversamos largamente con Sergio Hernández, destacado actor nacional de teatro, televisión y cine. El co-protagonista de “Gloria”, cinta recientemente galardonada como “Mejor Película Iberoamericana de Ficción” en la primera versión de los Premios Platino, compartió con nosotros su particular visión de la actuación, el cine y la televisión chilena actual, y nos contó acerca de su “anécdota” con el ganador de Oscar, Tim Robins, en el Festival Internacional de Cine de Berlín.

Por Daniela Fuentes Posada

¿Por qué crees que, hasta el día de hoy, “Gloria” (2013) sigue cosechando tantos éxitos?

Creo que tiene que ver con que la gente queda feliz de después de verla, sale de la sala con una rica energía. A pesar de que la película tiene momentos duros, la energía de Gloria nos hace muy bien a nosotros los chilenos. Como sociedad hemos tenido tantas pérdidas, hemos sufrido tantos dolores y hemos vivido tanta desintegración, ya sea a nivel político, social y cultural, que yo creo que necesitamos obras de este tipo, que nos ayudan a vivir mejor y son una especie de bálsamo. También creo que el hecho de que haya tenido éxito en Berlín influyó muchísimo. Ocurre mucho que, cuando algo triunfa afuera, la gente se sube al carro de la victoria.

¿Cómo fue trabajar con Paulina García? Entiendo que “Gloria” no solo fue su primera experiencia profesional juntos, sino que también su primer desnudo en el cine.

Así es. Con Paulina, nunca antes habíamos trabajado juntos, ni el televisión, ni en teatro ni cine. Todo comenzó con un importante proceso de preproducción basado en mucho diálogo, algo que es típico en la forma de trabajar de Sebastián Lelio; conversamos mucho de lo que íbamos a hacer, de las escenas, de la relación entre ambos y, en definitiva, de para dónde iba la micro. Tuvimos varias reuniones en las que sólo conversamos. Y bueno, como las películas no se filman cronológicamente, sino según las locaciones y la producción; sucedió que la primera escena que hicimos fue aquella en que estamos desnudos y nos vamos a la cama, y fue maravilloso. Yo pensé que me iba a dar pudor, tenía miedo a hacerlo mal, pero, cuando hicimos la escena, hubo una entrega tan integra y humana que hizo que todo fuera muy bello. Desde ese día hasta el final del rodaje, nuestra relación fue exquisita, en todo sentido. Paulina es una muy buena profesional, una tremenda actriz y un gran ser humano.

Volviendo al Festival Internacional de Cine de Berlín, ¿cómo recuerdas esa experiencia?

En general todo lo que nosotros vivimos con la película en Berlín fue maravilloso, en cuanto a público, prensa, jurado, todo. Sentir los aplausos de seis mil personas en el Berlinale Palace es lo más emocionante que te puedas imaginar; la gente aplaudió a rabiar en la escena en que Gloria me dispara (risas), a la salida del teatro cantaban “Glooo-ria” y se nos acercaban a felicitarnos o a darnos las gracias. Teníamos el puntaje mayor de todos los especialistas en cine, por lo que todos pensaban que íbamos a ganar. El recibimiento fue fantástico, hablaban maravillas de la película.

Por ahí nos enteramos que tuviste una anécdota bien particular con el ganador del Oscar, Tim Robins….

(Risas) Sí, el día de la clausura del Festival nos llevaron a un restaurant muy particular, parecido a una gran carpa de circo. Éste tenía un saloncito muy pequeño para fumar, donde cabían alrededor de seis o diez personas apretadas. Yo estaba allí con Benjamín Echazarrieta, director de fotografía de la película, fumando un cigarro, cuando entra un tipo alto, se hinca frente a mí y me dice “big actor, fantastic”, me pregunta “¿cómo lo hiciste?” y me señala que había quedado maravillado con mi trabajo, a lo que yo respondo dándole las gracias. Yo soy muy malo para reconocer a las personas, me pierdo con las caras, por lo que en un comienzo no supe quién era. Al rato veo que todos estaban muy emocionados e impresionados, porque resultaba que ese tipo grande era el ganador del Oscar, Tim Robbins, quien además era miembro del jurado. Luego yo le comenté la experiencia a alguien que me dijo “bueno, y si era jurado por qué no te dio el premio” (risas).

Si bien Rodolfo, tu personaje, no es el protagonista de la película, tuvo una gran recepción a nivel de público y crítica al representar, casi a modo de calco, a un tipo de hombre bastante común en Chile: un sujeto con poco carácter que no sabe como reaccionar ante los procesos de empoderamiento que estamos viviendo las mujeres.

Evidentemente, la mujer está teniendo un desarrollo muy distinto al que está viviendo el hombre; mientras ellas están desarrollándose y alcanzando mayor independencia, participación y poder en todo sentido, el hombre se ha ido quedando atrás. De alguna manera, Rodolfo representa a muchísimos chilenos que fueron criados en una sociedad machista en la que el hombre tiene que ser el proveedor. Él es muy culposo, le cuesta mucho independizarse de las relaciones que ha tenido, a nivel de pareja y a nivel familiar, y también le cuesta mucho comprometerse; es miedoso, tiene esto de ‘hacer las cosas a medias’. Yo creo que la gente, al ver a este hombre, ve a muchos hombres… Creo que el cariño que la gente ha sentido hacia Rodolfo no tiene que ver con las acciones que él realiza, sino más bien con cierta ingenuidad que tiene este personaje.

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En este sentido, ¿cómo se desarrolla un papel que logre tocar la médula del público?

Primero, siento que la gente capta y valora cuando hay un trabajo bien hecho. En televisión, yo he interpretado a tipos muy malos, que eran de lo peor, y a pesar de eso la gente en la calle me decía ‘¿por qué quiero tanto a este personaje si es un cabrón?’. Creo que eso se debe a que uno, en el trabajo actoral, no tiene porque irse por una sola línea o ser esquemático. En este sentido, lo malo de un personaje tiene que ver con el resultado de sus acciones, no con su personalidad: un personaje perverso puede ser muy simpático, lo que es muy peligroso (risas).

En relación al tema de las audiencias ¿Cómo crees que ha avanzado este tema en nuestro país?

Estamos mejor, porque la gente se está enterando de todo el éxito que está teniendo el cine chileno afuera. Creo que eso influye porque, al darse cuenta de qué está pasando algo con el cine chileno en el extranjero, la gente quiere saber qué pasa y por qué pasa, y entonces van a ver las películas. Otro aspecto es el hecho de que aquí hay bastantes festivales, por lo que se está formando público. Creo que es importante trabajar este tema con los niños; si bien se están haciendo algunas cosas, considero que hacen falta muchas más. A nivel macro, creo que el problema no tiene que ver sólo con el cine, sino con la cultura, que se ha puesto muy por debajo de otras necesidades. Se necesita valorizar la cultura, y en ese aspecto el Estado chileno, independiente de los Gobiernos, lo ha hecho muy mal. Las llamadas “fiestas de la cultura”, por lo general, no tienen nada de cultural. Por otro lado, se construyen centros culturales pero no ponen a nadie que los gestione. Es fundamental descentralizar el tema de la cultura y destinar más recursos a las regiones; yo feliz me iría a Arica u otra ciudad para trabajar como director de algún centro cultural, y lo haría vivir. Por otro lado, es importantísimo que el Estado invierta en salas alternativas de exhibición cinematográfica, donde las cintas nacionales no tengan que competir con grandes producciones norteamericanas.

A nivel nacional, ¿qué te parece el trabajo de los directores más jóvenes? ¿Hay alguno que te llame la atención?

Hay jóvenes no tan jóvenes, como Sebastián Lelio y Matías Bize, que están haciendo cosas excelentes. Creo que en ellos hay algo muy bueno, una búsqueda de una escritura no esquemática que habla de cosas importantes. Por otro lado, veo que hay una tendencia a mirarse mucho el ombligo, a centrarse en el yo. Puede que de eso salgan cosas buenas, pero muchas veces hace falta una mirada más amplia, que incluya la existencia toda. Creo que para contar una historia es necesario tener muchos otros conocimientos; aparte de una buena idea y de la técnica cinematográfica, se necesita saber un poco de psicología y, por sobre todo, se necesita vivir. La experiencia te permite encontrar lenguajes más ricos, más interesantes y originales.

En el caso de la televisión, ¿cuál es tu diagnóstico?

La televisión chilena está manejada por ignorantes. No se apuesta por la cultura sino por la plata y, bajo esa mentalidad, piensan que una gran película como “Nostalgia de la luz” no es rentable, ¿y por qué? Porque ellos mismos no la han visto, son ignorantes. Hoy en día se privilegian los contenidos de farándula y, en los horarios estelares, se suelen poner realitys o cosas similares. Por otro lado, las películas chilenas se exhiben en horarios ridículos en los que no las ve nadie. No sé si esas decisiones son tomadas por los auspiciadores o por los dueños de los canales, pero, como sea, se trata de una opción sumamente perversa. Esto porque el porcentaje de gente que ve televisión es inmenso, lo que resulta en una población totalmente idiotizada.

Sin embargo, fenómenos como “El Reemplazante”, “Los archivos del cardenal” y “Los 80”, están marcado una diferencia…

Sí, están empezando a aparecer muy buenos programas que están financiados por CNTV o por el Consejo de la Cultura. Eso me parece tremendamente importante y espero que cada vez más tengan el espacio que les corresponde. Series como “Archivos del cardenal” son hechas cinematográficamente, tienen un lenguaje que difiere del de la teleserie, un trabajo de fotografía muy importante y un guión muy serio, y esto sólo pueden lograrlo sólo algunas productoras independientes, no los canales, porque no tienen la gente idónea ni la calidad técnica.

¿Cómo fue tu experiencia particular en “El reemplazante”?

Me hubiera encantado tener un personaje un poco más participativo, pero los guionistas van optando. Sin embargo, lo que me tocó hacer fue muy rico, ya que pude estar en contacto con jóvenes que realmente vivían esa realidad, que realmente son alumnos de ese colegio. Nunca antes había participado en un proyecto tan sumergido en la realidad, y creo que el éxito de “El Reemplazante” radica en eso, en que hay una identificación absoluta en cuanto a lenguaje y atmósfera. La gente aprecia cuando un producto tiene verdad.

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En relación a la verdad, leí por ahí una entrevista en donde señalabas que los actores en Chile se caracterizan por ser “buenos mentirosos”. ¿Sigues manteniendo esa idea?

La formación actoral clásica, al menos en mis tiempos, se enfocaba en que el actor ‘hiciera como si fuera tal’. Uno tomaba ciertos elementos y características del personaje, las aprendía bien y luego actuaba, jugando con eso. Desde esa perspectiva, yo te podía hacer creer muchas cosas, te podía mentir sin que yo sintiera nada de lo que estoy contando para ti. Yo salí con nota siete de la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile siendo un gran mentiroso. Tiempo después, en Polonia, aprendí a realizar un trabajo psicofísico, en donde tu cuerpo y todo tu ser están absolutamente relacionados con tu sentir. Allá me di cuenta que tenía que olvidarme de todo lo que había aprendido aquí en Chile, deshacerme de todas las mañas que adquirí. Tuve que trabajar mucho, no fue nada de fácil. Esa experiencia fue tremendamente importante en mi desarrollo personal, y al mismo tiempo me permitió llegar a trabajar a Chile con una serie de condicionamientos y nuevas maneras de involucrarme en el trabajo creativo. Descubrí una nueva manera de encarar la creación en la que tú estás implicado totalmente; no hay un desdoblamiento, sino una totalidad en donde el personaje y yo formamos un uno, y en donde la expresividad parte desde el interior. Para mí, hay muchísima más verdad en ese tipo de teatro.

A nivel personal, ¿qué ha significado en tu vida la actuación?

Para mí es muy importante tener un quehacer y, afortunadamente, lo tengo: yo nací actor. Empecé de muy pequeño haciendo “El lobo y la caperucita roja” y, hasta el día de hoy, he hecho muchas cosas muy distintas, en teatro, televisión y cine. Por sobre todo, me considero un trabajador; si no trabajo, me muero. Si bien he pasado períodos muy negros, he tenido el privilegio de que mi trabajo siempre ha sido reconocido. No ando golpeando puertas, me llaman, y eso se agradece mucho. Estoy plenamente agradecido de mi profesión, el arte de la actuación es una carrera maravillosa.

Has desempeñado considerables papeles en teatro, televisión y cine, ¿qué formato te acomoda más?

Televisión, cine y teatro son cosas totalmente distintas. El teatro fue lo que me motivó a estudiar actuación, fue mi primera profesión y es algo que hago permanentemente. El teatro es muy gratificante porque tiene un público vivo, lo que permite una interacción inmediata. La televisión, en tanto, es desechable, pero constante. Es una fábrica en la que se graban muchas escenas, y en donde uno es una pieza más. Sin embargo, uno trata de cumplir su papel lo mejor posible, haciendo sus personajes más entretenidos y atractivos al servicio de la historia. El cine tiene un gran valor: lo que tú filmas es para siempre. Por eso, creo que para hacer cine uno tiene que tener una preparación enorme y estar en óptimas condiciones.

¿Hay algún otro género en que te gustaría incursionar?

Me gustaría actuar en una película escrita o dirigida por mí, claro que necesitaría una muy buena asistente de dirección. Si bien tengo una idea, está muy desordenado todo. He vivido muchas cosas y creo que, a partir de esas experiencias, puedo crear una historia que cuente la de muchos. Para eso, tengo que parar de trabajar para otros y sentarme a escribir.

¿Qué proyectos estás desarrollando actualmente?

Por suerte, siempre me están llamando para hacer cine. Actualmente estoy participando en un proyecto de Percy Matas llamado “Dos ejecuciones y un amor dudoso”; la trama es sobre un grupo de poetas que pasan tres días en un reunión anual y, cuando están en la fiesta de clausura, viven una serie de situaciones muy delirantes. También estoy participando en “El dueño de la luna”, película basada en una historia real que cuenta la historia de un chileno que patentó la luna a su nombre; se trata de una historia muy entretenida. Además estoy en una cinta que cuenta la historia de dos homosexuales viejos que viven una historia muy conmovedora y patética. Y hay un par de proyectos más… ojalá consigamos los recursos para llevarlos a cabo (risas).

Agradecimientos: Festival de Cine Chileno FECICH