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Bárbara Trejo: “Que la gente vea o no cine documental, es responsabilidad de nosotros” | Valpovisual
Viernes, Noviembre 22, 2013
Bárbara Trejo: “Que la gente vea o no cine documental, es responsabilidad de nosotros”

“Sonidos de una joya” (2012) es el primer acercamiento que la realizadora santiaguina radicada en Valparaíso, Bárbara Trejo, ha tenido con el documental. La cinta, que ya ha recorrido varios certámenes, compite actualmente en la Categoría de Obras Regionales del Festival Internacional de Cine de Viña del Mar FICViña. Conversamos con Bárbara acerca de este proyecto, su visión del documental y el siempre complejo tema de las audiencias.

Por Daniela Fuentes

¿Cómo surgió la idea de hacer “Sonidos de una Joya”?

Todo empezó con una investigación que estaba haciendo Oscar Olmedo, productor musical del documental. Él estaba haciendo su tesis y durante el proceso pudo grabar una entrevista en video a Lucho Barrios y otra a Armando Manzanero. Oscar se dio cuenta de lo valioso que era el material que tenía en sus manos y nos convocó a Abril (Trejo), Eric Carreño y a mí, y nos propuso hacer este documental. En ese momento (2009) se acercaba la fecha para postular a los Fondos Cultura del CNCA, así que postulamos el proyecto a Escritura de Guión y lo ganamos. Al año siguiente, postulamos a la línea de Realización y también nos adjudicamos el fondo.

De manera general, ¿cuál es el argumento de la película?

Es una investigación acerca de cómo llegaron a Valparaíso el tango, el vals peruano y el bolero, y cómo y por qué se arraigaron aquí. A partir de eso, también empezamos a escudriñar en varias historias personales, y nos dimos cuenta de que la mayoría de los músicos que siguen estos estilos fueron formados desde la tradición, desde la familia y el barrio. Y los que son músicos de profesión, también tienen un acercamiento a esta música desde la tradición. Ésa es la conclusión que sacamos y mostramos, que hoy esta música es algo intrínseco de la gente del puerto, no es algo que se estudia o algo que se impone. El tango, el vals peruano y el bolero llegaron, se quedaron y se adaptaron.

¿Trabajaron con un guión? Si es así, ¿qué tanto varió éste en el transcurso del rodaje?

Hay varias cosas que fueron cambiando en el camino. Pero la mirada siempre fue la misma: querer mostrar una realidad cotidiana, un Valparaíso alegre y pobre, pero no pobre desde la decadencia, sino simplemente mostrando la realidad de quienes vivimos en esta ciudad, de quienes sabemos que igual cuesta vivir acá. Mostrar la realidad de los músicos, quienes de verdad aman lo que hacen y tienen que trabajar en otras cosas para poder sobrevivir. Eso es lo que quisimos plasmar y yo creo que lo logramos. Otra idea que estuvo desde el principio, y que se mantuvo, fue la de tener sesiones musicales, como especies de video clip.

A nivel de tratamiento, ¿cómo desarrollaron esa mirada?

Siempre quisimos desarrollar un tratamiento audiovisual simple, tratando de no caer en la saturación de la búsqueda de la forma. Queríamos encontrar los lugares perfectos, los músicos  más representativos y que también hubiera variedad:  jóvenes y viejos, músicos que se dedican completamente a la música y otros que tienen que trabajar en otras cosas, músicos que tocan en La Piedra Feliz y otros que lo hacen en el mercado o en el metro.

Me imagino que en esa búsqueda por la variedad se encontraron con mucho material ¿Fue muy difícil el proceso de edición?

Sí. Durante el proceso de investigación conocimos mucha gente, grabamos mucho y finalmente nos vimos con mucho material, el guión se nos fue de las manos y tuvimos que replantearnos todo. Eso sí, logramos conservar la idea original, así como la mirada que queríamos mostrar de Valparaíso. El montaje, que fue realizado por Abril, fue un proceso muy largo y difícil, pero cuyo resultado final me encantó. Si bien, por temas de tiempo, no todas las personas que conocimos pudieron aparecer, tratamos de mostrar una gama bien amplia.

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Este documental tiene mucho de informativo pero también de testimonial ¿Cómo desarrollaron el hilo conductor de la historia?

No hay voz en off, son los protagonistas quienes van llevando el hilo conductor de la historia, sobretodo los mayores. Mediante la narración de ciertos personajes puntuales, se va trenzando la información con las sesiones musicales. Hay mucho de teoría, fechas y lugares, pero también testimonios de los protagonistas, quienes manifiestan sus propias tesis acerca de por qué estos estilos musicales se quedaron en Valparaíso. Al final, todo el conocimiento se conjuga y nos lleva a la conclusión de que las historias que cuentan las canciones, que son en español, hicieron que las personas se identificaran, ya que hablan de temas que son trascendentales y universales, como el amor, el desamor, el barrio y la familia.

¿Qué fue lo más difícil al momento de hacer este documental?

Este es mi primer largometraje y mi primer acercamiento al documental. Yo creo que lo más difícil fue encontrarse con mucho material y tener que ir entrelazando las historias dejando algunas fuera. Uno se encariña con las historias porque todas tienen aspectos valiosos y algo interesante que contar, pero hay cosas que no caben dentro de otras o que no van en la misma línea y, por ende, no hay cómo meterlas.

¿Cómo fue la experiencia de trabajar con tu hermana, Abril Trejo (Dir.: “El viaje de Emilio”)?

Fue difícil, porque había que separar lo familiar de lo profesional. Nunca antes habíamos trabajado juntas, así que fue algo que aprendimos en el camino. Siempre la película fue la meta y a eso teníamos que llegar.

¿Cómo evalúas la recepción que el público le ha dado a “Sonidos de una joya”?

En general, a la gente le gusta el documental, se emocionan, se quedan después de la función a conversar y nos entregan puras palabras bonitas. Obviamente, también hemos recibido algunas críticas, pero siempre desde lo constructivo; algunos músicos nos han dicho que muchas canciones quedaron fuera, pero en verdad era imposible abarcar la cantidad de músicos e historias que hay en Valparaíso. En general, el documental ha tenido una muy buena aceptación. Hemos recibido mucho cariño de la gente, tanto de los porteños como de aquellos que alguna vez vivieron aquí.

“Con “Sonidos de una joya” me di cuenta de la belleza y poesía que puede haber en la realidad”.

¿Cómo surgió esta inquietud de indagar en el documental?

Yo conocí el documental mediante esta película, antes de eso sólo había trabajado en ficción. Con “Sonidos de una joya” me di cuenta de la belleza y poesía que puede haber en la realidad. Si bien en la ficción también puedes hablar de la realidad, me parece que ésta por sí sola ya es casi inabarcable: hay tanto que ver y mostrar. Además, el documental permite otro tipo de interacción; al investigar y conocer a la gente, te sumerges en el tema en el que estás trabajando, y te empapas.

Valparaíso es una ciudad que tiene mucha actividad audiovisual, siendo esta, en su mayoría, documental ¿A que crees qué se debe eso?

En Valparaíso pasan muchas cosas, hay mucho que contar; sólo en materia musical, por ejemplo, hay muchos submundos. Entonces, yo creo que se debe a la ansiedad de mostrar todo aquello que aquí sucede, de dar a conocer lo que está pasando: mostrar el movimiento, las cosas que aún se conservan, la memoria, y la pelea de Valparaíso por quedarse como está; nos tratan de meter cosas, de instalar malls y McDonalds, pero la ciudad, por alguna razón, se resiste. Yo creo que este ‘movimiento documental’ se debe a la intención de retratar esa lucha inconsciente de Valparaíso por preservar.

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Si bien hay mucho movimiento en materia de creación, pareciera no haberlo tanto a nivel de audiencia ¿Qué pasa ahí?

Nosotros, en lo personal, nos hemos encontrado con un público bien interesado en el trabajo, pero yo creo que eso tiene mucho que ver con el tema. Nuestro documental muestra la música de acá con intérpretes que puedes ver a diario, en el mercado o en la calle, por lo que se trata de una realidad cercana, no elitista. Pero el que la gente, en general, esté o no dispuesta a ver documental, también es responsabilidad de nosotros, de crear piezas audiovisuales que sean atractivas, que sean consecuentes en relación al tema y a la estética, que sean buenas obras en su conjunto y no solamente se queden en lo informativo y se tornen lateras.

En ese sentido, ¿falta mirar más al público nacional?

A veces siento que se busca la calidad técnica por sobre la calidad artística o la sensibilidad, y se termina mostrando algo con muy buena forma pero con muy poca honestidad. Creo que en la simpleza también está la clave par que la gente enganche, para que se identifique con lo que ve. En nuestro caso, más que tener luces, un gran escenario y una full producción, nos preocupamos de que las locaciones fueran lugares por lo que transitamos todos diariamente: la playa Torpederas, el mirador de Playa Ancha, la plaza El Descanso o la casa de algún músico. La idea es que la gente se reconozca.

¿Qué realizadores te inspiran o llaman la atención?

Me gusta mucho el trabajo de Tiziana Panizza, José Luis Torres Leiva e Ignacio Agüero; “Cien niños esperando un tren” (Dir.: Ignacio Agüero, 1988) es uno de mis favoritos. Jori Stevens también, con “A Valparaíso” (1964), y Agnès Varda.

¿Estás desarrollando algún proyecto actualmente?

Sí, tengo un proyecto de documental. Una realizadora con más experiencia que yo, que no vive acá, me invito a participar de un proyecto que postulamos a un fondo concursable. Prefiero no adelantar de qué se trata porque no es un proyecto sólo mío.

CONCURSO:

Gana una copia del documental “Sonidos de una joya” (2013). Para participar, sólo debes darle Me Gusta a nuestra Fan Page y escribir en nuestro muro por qué quieres ganar.

El sorteo se realizará el viernes 13 de diciembre a las 22:00 hrs.