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“La muerte de Pinochet”: Innecesario y aburrido patetismo | Valpovisual
Martes, Septiembre 10, 2013
“La muerte de Pinochet”: Innecesario y aburrido patetismo

Por Claudio Abarca

Por estos días, cuando se conmemoran cuatro décadas del golpe militar de 1973, bien vale la pena ver algunos de los documentales que han contado historias referidas a ese hito, a lo que ocurrió durante la dictadura o a protagonistas del “11”.

Uno de ellos es “La muerte de Pinochet”, estrenado en 2011 y realizado por la dupla de Bettina Perut e Iván Osnovikoff, los mismos de “Chi-chi-chi-le-le-le Martín Vargas de Chile”, “Un hombre aparte” y “Noticias”, entre otros.

Precisamente cuando grababan “Noticias”, se encontraron, a fines de 2006, con la muerte del general que condujo, por casi 17 años, una dictadura militar. Instancia perfecta para captar imágenes, sobre todo intensas, grotescas, ridículas, patéticas. Como suele gustarle a Perut y Osnovikoff.

Del material recopilado entonces y del seguimiento a cuatro personas que, desde distintas experiencias y afectos, vivieron el deceso del dictador, surgió este documental de 80 minutos.

De manera que los directores, como era de esperar en todo caso, no están acá para ofrecer epopeyas ni un relato ambicioso que busque explicar la historia de Pinochet, de por qué se le sigue tan apasionadamente o se le odia tan tajantemente, ni menos la historia del país durante la dictadura.

“La muerte de Pinochet” es un relato de cuatro pequeñas historias. Pequeñas porque son, en definitiva, insignificantes para la gran narración, el discurso dominante en la prensa y en los libros de Historia.

La muerte de Pinochet 3

Pero es en ellas donde Perut y Osnovikoff concentran su mirada. Si bien incluyen imágenes del velatorio y el funeral en la Escuela Militar, así como de fanáticos preocupados por la salud y luego tristes por la muerte del dictador, y de detractores que festejan en las calles su partida, los responsables de este documental construyen el relato sobre cuatro posiciones y miradas: la de un anciano pinochetista a ultranza; la de una pobre florista también seguidora del general; la de un locuaz socialista travestido de guerrillero y después de Viejo Pascuero; y la de un cuidador de autos alcohólico que, sin quererlo, se ve participando de las celebraciones por el fallecimiento de Pinochet.

A diferencia de otras de sus obras, esta vez Perut y Osnovikoff, sin dejar de privilegiar la imagen, dan más espacio a lo discursivo. Saben, sin duda, que lo que digan un fanático de Pinochet o un férreo opositor a éste, resultará irrisorio, incluso triste y patético.

Pero si ya escucharlos es encontrarse de frente con perspectivas ajenas a todo equilibrio y sensatez, derechamente ridículas, los realizadores, cuando cada uno de ellos habla, no muestran a estas personas de cuerpo entero o a través de un primer plano. Nos muestran sus dentaduras -la mayoría imperfectas-, sus labios, sus lenguas, sus ajadas pieles. Abundan, entonces, los primerísimos primeros planos, los planos detalle, en una operación cinematográfica que deriva en un culto al feísmo y al deterioro. ¿Qué pretendían? ¿Dar cuenta de que sus impresiones carecen de raciocinio? ¿O subrayar el natural menoscabo físico de la vejez?

Si es lo primero, podría entenderse la opción de encuadre de los directores. Pero, en este caso, la pregunta es: ¿para qué? ¿Acaso no era obvio encontrarse con discursos sin centro, propios de fanáticos que o bien pondrán a Pinochet en un altar o bien lo condenarán por siempre?

Y si se buscaba enfatizar el deterioro físico de los protagonistas (al menos tres de los cuatro son personas que, sin duda, exceden los sesenta años), la pregunta es la misma: ¿para qué?

Tampoco se entiende la inclusión del acomodador de autos, cuya historia es más bien anecdótica e insustancial, dado que se vincula con el hecho casi circunstancialmente.

Ahora bien, no se trata de pedir a los directores un documental con un propósito distinto, que hubiera indagado de un modo más convencional en las razones del fanatismo por Pinochet o del odio hacia éste, o que hubiera revisado la historia del general a través de sus momentos y motivaciones más relevantes durante la dictadura.

Pero su elección, narrar cómo la muerte de Pinochet era vivida por estas cuatro personas, no logra empatía alguna. ¿Querían provocar, incomodar? ¿Acaso no era esperable encontrarse con personajes y testimonios ridículos o derechamente patéticos en tales circunstancias? (no la muerte misma, sino los lamentos o los festejos públicos debido a ella)

Algunos críticos que recibieron favorablemente este documental elogiaron que da cuenta de la falta de sentido o de identidad que puso de manifiesto la muerte del general. Otros alabaron su opción formal, sus potentes imágenes, su interpelación al espectador a través de incómodos planos.

La muerte de Pinochet 2

Quizás algunos planos sean reveladores, interesantes, pero después de observar y reflexionar sobre lo observado, y sobre todo a medida que el fallecimiento de Pinochet se aleja en el tiempo, no quedan más que imágenes feas, pero gratuitas, esperables y que, a lo largo de ochenta minutos, se vuelven no incómodas o fuertes, sino tediosas, adormecedoras.

Perut y Osnovikoff han logrado, nuevamente, construir una obra anodina, plana, de imágenes y encuadres que fascinan a críticos, cinéfilos y jurados de festivales que adoran aburrirse con monumentos del disparate.

  • Dirección: Bettina Perut e Iván Osnovikoff.
  • Duración: 80 minutos.
  • País: Chile.
  • Disponible en DVD, en VTR On Demand.

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