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Ignacio Agüero: “La televisión chilena desprecia el documental” | Valpovisual
Miércoles, Septiembre 11, 2013
Ignacio Agüero: “La televisión chilena desprecia el documental”

El destacado documentalista nacional nos entregó su visión sobre el cine documental, la televisión chilena y la censura. Además, nos contó detalles de su más reciente obra, la premiada cinta “El otro día” (2012).

Por Daniela Fuentes

Cuéntenos de “El otro día” ¿Cómo surge esta idea de abrir las puertas de su casa para mostrar lo que sucede allí?

Surge a partir de ver, todos los días, situaciones e imágenes que me seducían: el sol que entra por la ventana, que ilumina las cosas, con cierta energía y con un movimiento. El sol se mueve, la casa se mueve, el mundo se mueve, y ese movimiento de la luz, que yo veía todo los días, me producía una atracción muy grande. Ésas eran imágenes muy atractivas que quería retener y poseer, y la forma de hacerlo fue ponerlas en una película. Eso por una parte. También hay otro origen, que tiene que ver con una idea vieja que yo tenía; siempre quise hacer una película en el mismo lugar donde yo me levanto en las mañanas. Así, al levantarme, yo ya estaría en el sitio de rodaje, y no tendría la necesidad de moverme hacia otro lugar.  Siempre he tenido que viajar para ir a filmar, por lo que surgió la idea de arrancar hacia lo contrario. Y eso también se tradujo en las ganas de filmar un lugar que yo estuviera siempre observando, de forma cotidiana y permanente.

Si bien registró imágenes cotidianas, me imagino que surgieron muchos hallazgos.

Sí, todo lo que vi fue un hallazgo, porque es distinto mirar con el lente de una cámara y con una dimensión: la dimensión del cuadro, que por un lado limita pero por el otro pone el foco en un lugar, centra la atención. Desde ese punto de vista, todo era novedoso. La imaginería de la casa vista desde el ojo humano es angular, una panorámica, pero vista en el encuadre es algo preciso, determinado, cinematográfico, es una nueva visión. Lo que uno ve diariamente, se convierte en otro mundo visto con la cámara.

¿Y cómo surgió la idea de incluir en la película a las personas que tocaban el timbre de su casa?

La idea que desarrollo es la de hacer una película sobre el espacio de mi casa; ése es el espacio que yo delimito y es el espacio que yo voy a observar. Dentro de ese espacio, está el sonido del timbre; ése sonido llama a la puerta y la puerta, cuando la abres, abre otro espacio. Ésa fue la idea que me sedujo, la de un espacio que solamente por la abertura de una puerta, se abre a un espacio mayor, que sería la ciudad. Y bueno, yo le abro la puerta a mucha gente, a desconocidos que tocan el timbre de mi casa. Siempre me ha interesado la gente que no conozco y por eso quise que también entraran a la película.

 el otro día

A diferencia de la mayoría de los documentales, que se hacen en base a un suceso determinado que se investiga, “El otro día” se construye a partir de un lugar que se observa. Desde ese punto de vista, usted no sabía qué iba pasar ¿Cuál fue el nivel de incertidumbre?

Bueno, yo sabía qué iba a pasar. Yo sabía que el sol iba a salir todos los días, sabía cómo iba a ser el comportamiento de la luz, porque lo había visto durante las distintas estaciones del año y las horas del día. Pero quedarse a mirar eso cambia todo, porque comienzan a producirse reflejos. En la película hay muchos reflejos o dobles imágenes, y eso me interesaba mucho. Hay muchas perspectivas distintas con la luz; zonas que están en tercer plano que aparecen iluminadas y cobran vida. Y así surge lo imprevisible, porque si bien sabes que todo eso va a ocurrir, al verlo por el lente de la cámara se vuelve novedoso. Y claro, no es una película sobre un hecho, un evento o un suceso, es sobre un espacio. Entonces, como tú dices, este documental se diferencia de la mayoría de los documentales porque el suceso es la vida diaria.

Se dice que las audiencias prefieren las películas que contienen acción. Rompiendo esa lógica, “El otro día” tuvo una masiva aceptación del público, tanto en Chile como en el extranjero (ganando en FIDOCS y Guadalajara). A su juicio, ¿a qué se debe eso?

Se debe a que es falso eso de que la gente persigue la acción. Si bien la acción es muy atractiva porque uno la va siguiendo y te captura, no es lo único que atrae. Quedarse a contemplar es fascinante, es un verdadero placer. Se da mucho eso de alguien que se sienta en un café, por ejemplo, solo, a contemplar. Centrar la cámara en un lugar es una apuesta, es dar cuenta de que el mundo está teniendo lugar en todo momento, en todas partes. Basta con delimitar un espacio, fijarte en él, para que aparezca un interés, independientemente de un suceso.

En todas partes podemos encontrar una historia…

Claro, y una historia que empieza a aparecer. En “El otro día” la historia surge partir de la observación; no hay historias previas, sino que aparecen en la imagen.

Me imagino que en ese proceso de observar e ir registrando aquellas imágenes, se encontró con mucho material.

Claro, de ahí vino el trabajo de montaje, que fue realizado por Sophie França. Ése fue un proceso muy importante porque se hizo con una mirada externa, ya que ella no estaba comprometida con la captura de las imágenes. Cuando uno captura las imágenes, se vuelve muy dependiente de ellas; en cambio, para la montajista, el mundo no era la casa sino el material de la casa.

De manera más general, ¿cómo elabora sus proyectos? ¿Lo hace a partir de una idea central, de una escaleta y/ o de una investigación?

Lo hago a partir de una idea que está asociada a un concepto, que normalmente es un espacio o una situación. Determino si es un espacio o una situación y luego apuesto por lo que va a ocurrir allí. Pero no hago escaletas, no hay más que eso; y eso no es poco. Es un concepto que ya está formalizado, hay un forma y un enfoque.

OTRO DIA

“El diario de Agustín” (2008) en cambio, se construye a partir de un suceso que se investiga.

Sí. Hacer esa película fue muy difícil, me costó mucho. “El diario de Agustín” se sustenta en la organización de la información; no en una observación ni en una lectura. Organizamos el material en torno a la información que se iba dando en el montaje; optamos por no usar una voz narradora, porque no quería que la voz fuera aceptada como una verdad, sino que la imagen por sí sola fuera contundente, y para eso necesitaba estar liberada de la narración.

¿Cuál es la situación actual de “El diario de Agustín” con TVN?

TVN anuló el contrato en enero, cinco meses antes de que éste venciera, así que el tema está zanjado. Pero, desde el punto de vista nuestro, el tema no está zanjado. Todo lo que he recibido hasta ahora es una carta del Director del canal en que me dice que el Directorio resolvió no emitir “El diario de Agustín”, pero nosotros creemos que TVN debe manifestar cuáles fueron las razones tras esa decisión. Eso es lo que yo busco ahora. Y lo vamos a judicializar, porque queremos que el Directorio se vea obligado por ley a dar las razones. Y sabemos que esas razones son inconsistentes. El documental se exhibió en el Congreso Nacional y pronto se emitirá en el Canal de Diputados; entonces, ¿cuáles podrían ser esas razones?

Y con ARTV sucedió algo similar.

ARTV lo censuró directamente. El dueño del canal lo censuró y, ante eso, Natalia Arcos, Directora del canal, tuvo la dignidad de renunciar.

¿Le parece que los canales de televisión abierta tienen una doble careta ante este tema? Porque actualmente vemos que éstos emiten programas que muestran imágenes prohibidas de la dictadura militar, pero no se profundiza.

Exacto, no se profundiza. Se hace un muestreo de espectacularidad, de morbo, por rating, pero no se va más allá. La televisión chilena es re mala, es muy tonta, no analiza, es muy liviana; más de la cuenta porque no tiene por qué ser tan liviana. Claro, y ahora hace falta un programa que se llame “Las imágenes prohibidas de Televisión Nacional de Chile”.

Patricio Guzmán también vivió muy de cerca el tema de la censura, cuando TVN emitió su documental “Nostalgia de la luz” (2010) totalmente mutilado. ¿Cómo le llega a usted esa situación?

No sé por qué, exactamente, se produjo ese hecho, pero lo que sé es que eso demuestra el desprecio que tiene la televisión por el documental. La televisión chilena, sobre todo TVN, desprecia el documental porque cuando lo emite no lo anuncia, simplemente lo tira y, algunas veces, lo tira mutilado, como pasó con la obra de Patricio Guzmán. Y al despreciar el documental, se está despreciando la inteligencia… y la memoria.

Sobre el tema el tema de la memoria, Patricio Guzmán dice que un país sin cine documental es como una familia sin álbum de fotografías. Para usted, ¿cuál es el valor del documental?

Todo el cine trabaja con la memoria, sea ficción o documental. El valor del documental es que nos hace pensar sobre la vida que llevamos. El documentalista se sale del flujo cotidiano de la vida para mirar, y nos devuelve esa mirada con una reflexión.

Desde esa mirada, el documentalista sería una especie de explorador…

Claro. Como dije en otra entrevista, creo que el documentalista es un vago cuyo oficio es mirar. Y esa mirada del ahora, esa reflexión, él la devuelve a la sociedad dentro de la que ha estado vagando. Ése es el sentido, y tiene mucho valor. 

A su juicio, ¿cuáles son los elementos que debe tener un buen documental?

Uno solo: tiene que tener el deseo profundo del realizador de hacerlo. Y ese deseo debe relacionarse con la búsqueda de conocimiento, con la exploración.