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7 Pecados del cine chileno | Valpovisual
Sábado, Agosto 3, 2013
7 Pecados del cine chileno

Por Cristián Quinzacara

El tema de las audiencias ha sido y sigue siendo materia de preocupación y debate para el cine chileno. Si bien el último tiempo hemos sido testigos del éxito de taquilla de un puñado de películas, el terreno es más amplio; cada año se realiza una explosiva cantidad de obras que, si bien pueden obtener respeto y premios en el extranjero, parecieran no alterar el poco interés del público.

Por años he oído que éste es el gran problema del cine chileno. De igual manera, he escuchado sobre una serie de factores a los que se les atribuye esta situación.  Enumero: la piratería, el monopolio del cine norteamericano en las salas de cine, el alto costo económico que supone una producción y luego su difusión, la escasez de lugares de exhibición, el chaqueteo propio del chileno, que hay un prejuicio sobre el cine nacional, y que la televisión no paga el valor que corresponde por las películas chilenas y que sólo da migajas para explotarlas millones de veces.

Si uno lo piensa, puede que todo aquello -en cierta medida- sea cierto. Sin embargo, observo otros errores notorios, que aquí denomino como los 7 pecados comunes del cine chileno.

1)    Ausencia de autocrítica

Un elemento básico, que muchas veces olvidamos, es la autocrítica; algo necesario para poder progresar y entender todo proceso.  En los últimos años hemos visto cintas casi espantosas, cuyos realizadores se han eximido de toda responsabilidad sobre su propio producto. Casos como El nominado (2003) que toma un tema de contingencia en la televisión (los reality shows) para levantar una película que no alcanza a cuajar del todo; su mayor contra fue su  apuro por explotar ese fenómeno.

Tener capacidad de autocrítica nos ayuda a identificar el lugar donde nos hemos estancado y recordar un aspecto importante: no todas nuestras películas son atractivas para el público masivo. Además de tener esto claro y encontrar nuestro nicho, la estrategia va más allá; un caso ejemplificador es el de Patricio Valladares, joven realizador autodidacta de Concepción que ha desarrollado una digna carrera en base a un género en particular (thriller, gore), al nivel de tener un remake de una de sus películas (En las afueras de la ciudad, 2011) en E.E.U.U.

COLUMNA - EN LA AFUERAS

En las afueras de la ciudad (2011)

2)    Producción sin parar

En la actualidad hay más facilidad para producir, ya sea por los avances en materia tecnológica –lo que permite abaratar costos– o por las diversas vías de financiamiento que existen: fondos nacionales y regionales, internacionales, ventas a futuro, inversionistas, etc.

El problema surge al momento de comercializar las obras, para que al menos el dinero invertido sea reembolsado. Hay plata para producir (o fórmulas para poder realizar una película) pero no hay cómo financiar el retorno, lo que imposibilita que el cine nacional avance en el camino de ser un negocio.

3)    Falta de referentes éticos e intelectuales

El denominado “Nuevo Cine Chileno”, de finales de los años sesenta, era movilizado fuertemente por la ideología. Sus precursores eran intelectuales que creían en ciertas doctrinas, que eran partidarios y que regularmente escribían publicaciones. Después del golpe militar, muchos de ellos se fueron del país,  provocando una fractura en el cine nacional y creando una generación que se vio apartada de ese tipo de trabajos.

Con el regreso a la democracia y el paso de los años, no se ha podido recuperar ese interés inicial. Raúl Ruíz –nuestro más grande creador– se radicó en Francia y visitó esporádicamente Chile, por lo que “su mano” no se vio reflejada en una serie de generaciones. Su contraparte vendría siendo Patricio Guzmán, quien, a pesar del intento que ha hecho con FIDOCS para mantener su ligazón con el país, no ha logrado asumir este papel,  que por cierto no le corresponde.

Si bien está Miguel Littín, su carácter no le ha permitido llegar a tener ese peso y respeto por la historia que un cineasta debería tener ¿Quiénes más? Están aquellos que han dedicado su vida a formar nuevos cineastas; como Udo Jacobsen, quien choca con el nivel del estudiante chileno, generalmente mediocre. Hay casos, en las nuevas generaciones, que pueden responder a ese llamado con creatividad, como sucede con José Luis Torres Leiva y Fernando Lavandero. Se trata de casos aislados. Sueño con que el día de mañana éste sea uno de los puntos que cambien absolutamente.

4)    Niños con los mocos colgando

Las temáticas habituales de las películas latinoamericanas son dramas sociales que nos cuentan cómo se desarrolla la vida en este rincón casi olvidado del planeta. En esta excesiva muestra de realidad social, las miradas van repitiéndose sobre hechos puntuales; se resalta –casi siempre con una mirada documental– la pobreza extrema y una ínfima posibilidad de movilidad social. La experiencia ha demostrado que estas películas tienen un efecto favorable en la crítica y en ciertos sectores, además de tener una facilidad para ser vendidas en el extranjero (ejemplos como La teta asustada, del 2009, que ganó en Berlín el mismo año).

COLUMNA - LA TETA

La teta asustada (2009)

Más allá del título de este apartado (“Niños con los mocos colgando”), aquí quiero hacer alusión al hecho de la sobre-utilización de la mirada inocente para tratar de plantear ciertos temas, notablemente heredados del Nuevo Cine Chileno, pero casi calcando un modelo que en los años sesenta servía y parecía novedoso. Hoy, en cambio, suena a un discurso de papel sin un verdadero compromiso por algunos de sus realizadores.

De igual forma, está el hecho de que los héroes de estas películas siempre son “almas en tormenta” y en situaciones rebuscadas; es así que hay algunos buenos, muy buenos, casi a nivel caricatura. Falta algo de fractura en aquello –reconozco que yo mismo he caído en este error–, como sucede en los actuales dramas sociales europeos –como La vida de los otros (2006)– en donde la línea separadora hace que los personajes luzcan más humanos.

5)    Películas que van de una cosa y terminan de otra

No tiene nada de malo tener vocación comercial a la hora de hacer películas, como sucedió con Super (2009), o buscar un nicho en particular para llegar a ciertos espectadores, como pasó con Empaná de pino (2008). Por el contrario,  el realizador debe tener claridad sobre lo que quiere decir con su obra y los resultados que espera tener antes de hacer la película. Sin embargo, en muchos casos ése punto está perdido desde el comienzo

Pasa a ser habitual que algunas de nuestras producciones vayan mutando en su narrativa; así, pasa que estás viendo una historia con tintes sociales que de a poco se transforma en una serie de lugares comunes, clichés o estereotipos sobre la drogadicción, el robo o la soledad.

6)    Copias a otras películas

Este es un problema más habitual de lo que pensamos y, claramente, no es exclusivo del cine chileno. Cuando alguien, de cierto modo, logra “embocar”, comienza de inmediato una multiplicidad de pequeñas copias, algunas descaradas. Chile no tiene grandes éxitos de taquilla, pero sí, después de Sexo con amor (2003), salieron cintas que apuntaron al mismo tipo de público, y que por cierto no funcionaron. Incluso el mismo equipo trató de auto-copiarse y no les resultó la jugada. Esto tiene mucho que ver con una falta de profesionalización o buena paga a los guionistas, que son tan escasos que en la mayoría de los casos los directores son su propio guionista.

Se supone que uno siempre tiene buenas intenciones a la hora de hacer una película. Si esto no resulta, te quedas con las puras intenciones y con una plasta debajo de tu cama (y pobre de ti si sacaste 500 copias para inundar el mercado, porque tendrás que tener una cama muy alta). Es cierto, la fórmula del éxito no la tiene nadie; ni siquiera el banco, porque si así fuera harían sus propias películas en vez de sólo prestar plata.

7)    Escasez de estrategias de difusión

Difundir una película es un gran trabajo. Habitualmente, cuando llega ése momento, el equipo realizador se encuentra agotado, con poco presupuesto y una fuerte barrera para poder entrar en la prensa tradicional nacional. Como si esto fuera poco, se debe luchar por un espacio en la cartelera –donde abundan los estrenos norteamericanos–.

Uno de los grandes problemas con los que acarrean las películas chilenas es la falta de una estrategia que permita una difusión más completa. Desde los 90’s, este ítem ha ido mutando de variadas formas; hasta hace muy poco, éste se resumía en lograr una nota de prensa en algún medio tradicional, una entrevista con los protagonistas, breves apariciones en programas de televisión (como la campaña de El rey de los huevones (2006), que tuvo a Boris Quercia paseándose en todo tipo de programas con su corona), los habituales afiches y alguna que otra noticia que hiciera destacar al elenco y atraer la curiosidad del público (como la filtración de las escenas de sexo de María Elena Swett en El nominado (2003). Hoy en día, incluso, los actores salen a la calle para promocionar sus películas.

Si bien muchas de estas estrategias pueden funcionar, ya no están bastando para convencer al espectador. Mirageman (2007), por ejemplo, intentó llegar al público a través de las redes sociales, factor del que Que pena tu vida (2010) supo sacar ventaja para obtener una atención constante en los meses previos a su estreno. Pero estos ejemplos son aislados; la fuerza de Facebook o Twitter no es tan significativa.

COLUMNA - QUE PENA

Que pena tu vida (2010)

Otra fórmula recurrente es la de estrenar en Chile después de hacer un paso por festivales internacionales, y así obtener algunos premios para darle un peso mayor a la cinta. Sin embargo, esto tampoco ha dado resultados óptimos. Un buen síntoma es que, aquellas raras veces que la televisión abierta presenta películas chilenas en su parrilla, éstas obtienen buena sintonía, demostrando que existe algo de interés en el cine nacional.

Hay que buscar una nueva forma de difusión, no sólo para atraer al público, sino para promover un interés permanente por el cine nacional y así poder empezar a competir. El reto sigue siendo levantar a la gente de su sillón frente a la televisión y llevarla a una sala cine a ver una película nacional.

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